Durante décadas, las princesas Disney han sido parte del imaginario emocional de millones de personas. Sus historias no solo nos enseñaron a soñar, sino que también moldearon expectativas, modelos de comportamiento y formas de entender el amor, la amistad y el papel de la mujer en el mundo. En La princesa que nunca fui, Sara Ruiz Sardón propone un ejercicio de revisión crítica y emocional que invita a regresar a esos relatos desde una mirada adulta, consciente y profundamente humana.
El punto de partida del libro es tan sugerente como revelador: cada princesa está íntimamente ligada al momento histórico en el que fue creada. Sardón explora cómo personajes como Blancanieves o Cenicienta nacieron en contextos socioculturales donde la feminidad se asociaba con la docilidad, la belleza y la espera paciente de un rescate externo. Estas narrativas respondían a los valores dominantes de su tiempo y contribuyeron a consolidar un ideal femenino que muchas generaciones interiorizaron casi sin darse cuenta.
Sin embargo, el ensayo no se limita a señalar esta construcción cultural. La autora examina la evolución del arquetipo a lo largo de las décadas, mostrando cómo figuras posteriores como Ariel, Bella o Jasmine introducen matices de curiosidad, rebeldía y deseo de autonomía, reflejando cambios sociales progresivos. El recorrido culmina con heroínas contemporáneas como Mérida o Vaiana, cuyas historias rompen con el paradigma romántico tradicional y sitúan la identidad, la libertad y el autodescubrimiento en el centro del relato.
Uno de los aspectos más interesantes del libro es la manera en que combina análisis cultural con curiosidades del proceso creativo. El hecho de que Elsa estuviera concebida originalmente como villana o que el final de Blancanieves no siempre fue como lo conocemos evidencia que estas historias no son verdades absolutas, sino construcciones narrativas que evolucionan con el tiempo. Este enfoque permite entender que los cuentos que marcaron nuestra infancia también son reflejo de tensiones sociales, debates culturales y transformaciones ideológicas.
Pero La princesa que nunca fui no es un ensayo frío ni académico. Sardón escribe desde la memoria emocional compartida, apelando a la experiencia de quienes crecieron soñando con coronas y finales felices. El libro plantea preguntas incómodas pero necesarias: ¿qué ocurre cuando esas historias no nos representan? ¿Qué significa crecer sintiendo que no encajamos en el molde del cuento? ¿Es posible amar esas narrativas y, al mismo tiempo, cuestionarlas?
Lejos de proponer un rechazo frontal, la autora invita a reconciliarse con estos relatos desde la conciencia crítica. Reconocer sus limitaciones no implica renunciar a su magia. Por el contrario, permite disfrutar de lo que significaron, entender lo que condicionaron y resignificar su influencia en nuestra identidad. En palabras recogidas sobre la obra, el libro se presenta como “un abrazo para todas aquellas a las que nos arrebataron el deseo de ser princesas”, una definición que resume su dimensión emocional y reparadora.
El estilo de Sardón es claro, cercano y accesible, sin renunciar al rigor analítico. Su trayectoria como escritora, actriz, directora y analista fílmica feminista se percibe en la solidez del discurso y en la sensibilidad con la que aborda la representación de la mujer en la ficción. Desde 2023, sus análisis sobre franquicias como Disney, Marvel, Star Wars o El Señor de los Anillos han alcanzado millones de visualizaciones, generando una comunidad que reflexiona sobre cómo las historias influyen en la construcción de identidades. Este bagaje se traduce en un texto que combina pensamiento crítico y conexión emocional con el lector.
Más allá del universo Disney, el libro funciona como un espejo cultural. Nos invita a observar cómo la ficción participa en la construcción de nuestras expectativas y a cuestionar los relatos que hemos heredado. Al mismo tiempo, propone un ejercicio de memoria colectiva: recordar quiénes fuimos, entender quiénes somos y decidir quiénes queremos ser.
La princesa que nunca fui es, en última instancia, una reflexión sobre identidad, género y nostalgia. Un ensayo que demuestra que revisitar los cuentos de nuestra infancia no es un acto de renuncia, sino un gesto de madurez: mirar atrás para comprender el camino recorrido y redefinir los sueños que nos acompañan en el presente.
Porque los cuentos empiezan con un «érase una vez», pero la historia continúa cuando aprendemos a contarnos a nosotros mismos desde la verdad.
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