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Cita con… Dani J

 

La bachata ha encontrado en Dani J una de esas voces capaces de trascender fronteras, emociones y generaciones. Diez años después de Mi Momento, el artista sevillano celebra una década de trayectoria con Nuestro Momento, un álbum de quince canciones que convierte su evolución personal y musical en una historia compartida con quienes han acompañado su camino. Finalista del Benidorm Fest 2026 con «Bailándote», más de 400 conciertos y una carrera internacional que continúa creciendo, Dani J reivindica una bachata abierta a nuevas influencias, pero fiel a sus raíces dominicanas. En esta conversación con Tu Otra Alternativa, nos habla de los recuerdos que permanecen, del amor en todas sus formas, de la libertad creativa y de esos sueños que, incluso después de diez años, siguen manteniendo intacta la ilusión del primer día.

En 2016 publicaste Mi momento, un álbum que marcó un antes y un después en tu trayectoria. Diez años después, llegas con Nuestro Momento. ¿Qué ha cambiado en Dani J desde entonces y qué permanece intacto en aquel artista que comenzaba a conquistar escenarios internacionales?

Han cambiado muchísimas cosas. Sobre todo, creo que he madurado tanto personal como artísticamente. El Dani J de 2016 tenía muchísimas ganas de comerse el mundo, pero también tenía muchas inseguridades y muchísimo que aprender. Diez años después tengo más experiencia, conozco mejor la industria, sé lo que quiero y, sobre todo, lo que no quiero.

Pero hay algo que no ha cambiado absolutamente nada: la ilusión. Sigo emocionándome cuando termino una canción, sigo poniéndome nervioso antes de un concierto importante y sigo teniendo esa necesidad de superarme constantemente. Creo que el día que pierda eso será el momento de dedicarme a otra cosa.

Has decidido cambiar el «mi» por el «nuestro» como homenaje a tus seguidores. ¿En qué momento sentiste que tu carrera había dejado de ser únicamente tuya para convertirse también en la historia de todas esas personas que te acompañan?

No creo que haya habido un momento concreto, ha sido algo que he ido entendiendo con los años.

Cuando empiezas, tienes tus sueños, tus objetivos, tus canciones… y piensas en todo lo que quieres conseguir. Pero con el tiempo empiezas a conocer historias de personas que han hecho de tu música parte de sus vidas. Parejas que se conocieron bailando una canción tuya, personas que superaron una ruptura escuchándote, gente que ha viajado cientos de kilómetros para verte actuar…

Y entonces te das cuenta de que esas canciones ya no son solamente tuyas. Tú las escribiste, pero cada persona les ha dado un significado diferente.

Por eso tenía tanto sentido llamar a este álbum Nuestro Momento. Porque si he podido vivir de lo que amo durante estos diez años, es gracias a todas esas personas que han decidido acompañarme.

Nuestro Momento reúne quince canciones que recorren distintas formas de amar, desde la ilusión hasta el desamor, pasando por la obsesión, el deseo y el compromiso. ¿Qué historia de este álbum te ha resultado especialmente difícil de transformar en música?

Probablemente «¿Me recuerdas?», por todo lo que representa emocionalmente. Pero también hay canciones como «Tóxico», que hablan de situaciones muy complicadas que, desgraciadamente, son más habituales de lo que pensamos.

Creo que uno de los mayores retos como compositor es conseguir que una historia difícil se convierta en una canción con la que alguien pueda identificarse, sin perder la sensibilidad ni la verdad de lo que estás contando.

Uno de los temas más especiales del disco es «¿Me recuerdas?», dedicado a las personas que sufren Alzheimer y a quienes las cuidan. ¿Qué te llevó a abordar una realidad tan delicada desde la música y qué esperas que sientan quienes escuchen esta canción?

Es una canción muy especial para mí porque el Alzheimer es una realidad que hemos vivido de cerca en nuestra familia.

Hay algo especialmente duro en esta enfermedad, y es ver cómo una persona a la que quieres puede ir olvidando momentos, recuerdos e incluso a las personas que han formado parte de toda su vida.

Quería contar esa historia desde el amor, no solamente desde la tristeza. Porque, aunque los recuerdos desaparezcan, el cariño de quienes están al lado permanece.

No pretendía hacer una canción que explicara el Alzheimer ni mucho menos. Simplemente quería ponerle música a un sentimiento que viven muchísimas familias y que a veces es muy difícil expresar con palabras.

Ojalá quienes estén pasando por algo parecido se sientan acompañados al escucharla. Y quienes no lo hayan vivido, puedan entender un poquito mejor lo que significa.

En «Delito» juegas con una idea muy cinematográfica: ser detenido, juzgado y condenado por romper corazones. Si el desamor tuviera un código penal, ¿qué condena le impondrías a quien te rompiera el tuyo?

Creo que nadie debería ser condenado por dejar de querer a alguien. Los sentimientos cambian y eso forma parte de la vida. Lo que sí debería estar penado es jugar con los sentimientos de otra persona, mentirle o hacerle daño de manera consciente.

Así que yo no castigaría el desamor, sino la falta de responsabilidad afectiva.

Aunque, como digo en mi canción, a quien me rompió el corazón tampoco le vendrían mal unos días entre rejas… ¡A ver si así aprende la lección y se le quitan las ganas de volver a hacérselo a alguien más! jajaja.

Has conseguido que la bachata dialogue con géneros como el pop, el flamenco, el trap o el R&B, construyendo una identidad musical propia. ¿Cuánto hay de rebeldía en esa necesidad de experimentar y cuánto de búsqueda personal?

Creo que hay mucho más de búsqueda personal que de rebeldía, aunque seguramente también haya un poquito de las dos.

Yo soy de Sevilla, he crecido escuchando flamenco, pop, hip-hop, R&B… y toda esa música forma parte de mí. Cuando empecé a hacer bachata, lo natural para mí era llevar todas esas influencias a mis canciones.

Nunca me he sentado en el estudio pensando: «Voy a romper las reglas de la bachata». Simplemente hago la música que me nace hacer.

Eso sí, siempre he tenido muy claro que, para experimentar con un género, primero tienes que conocerlo y respetarlo. La bachata tiene unas raíces dominicanas que para mí son fundamentales, y creo que se puede evolucionar musicalmente sin perder el respeto por su origen.

Al final, no quiero que mi música suene diferente por obligación. Quiero que suene a mí.

Más de 400 conciertos, actuaciones en los cinco continentes y una comunidad de seguidores que no deja de crecer. ¿Existe algún lugar, escenario o encuentro con el público que te haya hecho comprender hasta dónde estaba llegando realmente tu música?

Hay muchísimos momentos que guardo con mucho cariño, pero hay algo que, por muchos años que pasen, nunca deja de impresionarme: llegar a un país a miles de kilómetros de mi casa y encontrarme con cientos o miles de personas cantando canciones que un día escribí en mi habitación o en un estudio.

Me sigue emocionando especialmente cuando visito países como China, Canadá, Túnez o Kazajistán, donde ni siquiera compartimos el mismo idioma, y compruebo cómo la música es capaz de conectarnos. Y es que una de las cosas más bonitas de mi público es precisamente esa: no está formado únicamente por personas latinas o hispanohablantes. Cuando actúo en estos lugares, gran parte del público es gente de allí, que ha crecido en una cultura completamente diferente a la mía y que, sin embargo, ¡se sabe mis canciones en español! Bueno, las chapurrean como pueden, pero ¡se las saben! jajaja. Es algo maravilloso que todavía hoy me sorprende y me cuesta asimilar.

Y luego están esos momentos aparentemente más pequeños, pero que para mí tienen un valor inmenso. Cuando alguien se acerca después de un concierto y me cuenta lo importante que ha sido una canción en algún momento de su vida, o cuando se pone a mi lado para hacerse una foto y puedo sentir cómo le late el corazón a mil por hora de los nervios y la emoción… Esas cosas me llegan muchísimo.

Porque los números están muy bien, y por supuesto que hace ilusión ver cómo crecen, pero nunca debemos olvidar que detrás de cada reproducción, de cada entrada vendida y de cada persona que nos sigue hay alguien con su propia historia, sus emociones y sus recuerdos. Y para mí, eso es lo verdaderamente bonito de todo esto.

Tu paso por el Benidorm Fest 2026 como finalista ha supuesto un momento histórico para tu carrera y para la bachata. ¿Qué te ha enseñado esta experiencia sobre la capacidad de tu género para conquistar espacios que tradicionalmente parecían reservados a otros estilos musicales?

Me ha reafirmado en algo que llevo defendiendo muchos años: la bachata no tiene por qué quedarse encerrada en un único espacio.

A veces parece que la bachata solamente pertenece a las pistas de baile o a determinados circuitos musicales, cuando en realidad tiene una capacidad enorme para conectar con públicos muy diferentes.

Estar en el Benidorm Fest, rodeado de propuestas musicales tan distintas, y conseguir llegar a la final con una bachata fue algo muy importante para mí.

También me hizo mucha ilusión ver a personas que quizá nunca habían escuchado mi música descubrir el género a través de «Bailándote».

Creo que todavía queda mucho camino por recorrer para que la bachata tenga la visibilidad que merece en determinados medios y escenarios, pero experiencias como esta demuestran que hay público para ella.

Y si mi participación ha servido para abrir aunque sea una pequeña puerta a otros artistas de bachata, me doy por satisfecho.

En 2022 decidiste crear tu propio sello discográfico, 13 PRO MUSIC. ¿Qué libertad te ha dado esta decisión y qué responsabilidad supone gestionar tu carrera desde una perspectiva artística y empresarial?

Me ha dado algo que para mí es fundamental: poder tomar mis propias decisiones.

Siempre he sido una persona muy inquieta y me gusta involucrarme en prácticamente todos los aspectos de mi carrera, desde la composición y la producción hasta los videoclips, los conciertos o las estrategias de lanzamiento.

Tener mi propio sello me permite desarrollar mis ideas con mayor libertad, sin depender constantemente de que alguien más crea en ellas.

Pero también tiene su parte complicada. Porque ser artista ya es un trabajo enorme, y cuando además tienes que pensar como empresario, hay días en los que sientes que necesitaría que el día tuviera 48 horas o más jajaja.

Diez años después de aquel primer Mi Momento, comienza una nueva etapa con Nuestro Momento. Si pudieras sentarte frente al Dani J de 2016 y contarle todo lo que está por venir, ¿qué le dirías? ¿Y qué sueño sigue pendiente para el Dani J de hoy?

Le diría que disfrutara más del camino, que no se obsesionara tanto con alcanzar el siguiente objetivo y que aprendiera a valorar todo lo que ya estaba consiguiendo.

Porque a veces los artistas vivimos tan pendientes de lo próximo que se nos olvida disfrutar del presente. Y cuando miras atrás, te das cuenta de que muchas de las cosas que hoy consideras normales eran sueños que parecían imposibles hace diez años.

¿Y qué sueño me queda pendiente? ¡Muchísimos! Sigo teniendo la misma ambición y las mismas ganas de crecer. Quiero seguir llevando mi música a nuevos países, llegar a públicos que todavía no me conocen y continuar evolucionando como artista.

Pero, sobre todo, quiero poder mirar atrás dentro de otros diez años y sentir que sigo haciendo música porque me apasiona, no porque tenga que hacerla.

Si consigo eso, creo que habré cumplido el sueño más importante de todos.


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