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Cita con… Clara Mendivil



El Madrid de finales del siglo XVIII, los talleres de costura y los pasillos de palacio se convierten en el escenario de La costurera de la reina, la novela de Clara Mendívil que nos invita a descubrir una época de transformaciones sociales, ambiciones personales y oportunidades que comenzaban a abrirse paso para las mujeres. A través de Almudena Serrano, una joven decidida a construir su propio futuro, la autora nos acerca a una realidad en la que ejercer un oficio de manera independiente suponía todo un desafío.

Historiadora de formación y autora de títulos como De viento y sal, Loto rojo y Retrato de una corte, Mendívil vuelve a demostrar su interés por rescatar figuras femeninas capaces de desafiar las circunstancias de su tiempo. En esta ocasión, combina documentación histórica, intrigas palaciegas, secretos familiares y relaciones de sororidad para construir una historia en la que el pasado dialoga con cuestiones que todavía siguen vigentes.

Conversamos con ella sobre el origen de la novela, el proceso de documentación, la situación de las mujeres trabajadoras en el siglo XVIII y las emociones que acompañan a una escritora cuando llega el momento de despedirse de sus personajes.

ENTREVISTA | CLARA MENDÍVIL

«La costurera de la reina»

1. La costurera de la reina nos traslada al Madrid de 1784, a una época en la que las mujeres comenzaban a abrirse camino en el mundo profesional. ¿En qué momento surgió la idea de escribir esta novela y qué fue lo que más te fascinó de esta etapa histórica?

Llegué a la Real cédula de 1784, que permitía trabajar a las mujeres en el sector textil, por casualidad. Pero cuando me puse a investigar sobre ella empecé a darme cuenta de que ahí había una buena historia. Es una sociedad muy cambiante, que está evolucionando mucho en poco tiempo: la Ilustración está haciendo muchas reformas, como esta de permitir el acceso al mundo laboral a las mujeres por sí mismas, sin depender de un hombre. La imagen del Madrid de finales del siglo XVIII me cautivó y poco a poco se fue todo uniendo en la idea de lo que después se convirtió en La costurera de la reina.

2. La protagonista, Almudena Serrano, tiene tan solo catorce años cuando comienza a luchar por su sueño de convertirse en costurera y llegar algún día a palacio. ¿Cómo construiste a este personaje y qué querías transmitir a través de su determinación y sus ganas de abrirse camino en un mundo lleno de obstáculos?

Almudena es un personaje de ficción, pero representa a toda esa generación de mujeres que quisieron aprovechar la oportunidad, estudiar, formarse y labrarse una carrera en la costura. Quería que fuese ambiciosa, trabajadora y tenaz, porque creo que son las cualidades que debían tener estas mujeres, pero también empática y leal a sus amigas y a su familia. Quise transmitir la idea de que no lo tuvieron nada fácil, pero que las ganas de salir adelante y labrarse un futuro eran más fuertes que todos los obstáculos que se pusieran en su camino. Almudena también es alguien capaz de hacer lo que cree que es correcto, aunque sea peligroso para ella, y que tiene muchas ganas de disfrutar de la vida, aunque esta no sea fácil.

3. Uno de los aspectos más interesantes de la novela es la lucha de las mujeres por ejercer un oficio propio en una sociedad que limitaba sus oportunidades. ¿Qué has descubierto durante la documentación sobre la situación de las mujeres trabajadoras en el siglo XVIII y qué paralelismos encuentras con la realidad actual?

Las mujeres siempre han trabajado fuera de casa, no es nada nuevo. Pero, en aquella época, los oficios estaban regidos por los gremios y sus normas y las mujeres trabajaban en los talleres familiares, a la sombra de su marido. Si este desaparecía, ellas no podían seguir con el negocio sin un hombre al frente y quedaban desprotegidas. Esta norma les permitió seguir ganándose la vida de manera legal.

Lo que descubrí fue que la cédula no se aprobó porque se quisiera ayudar a la mujer: lo que se quería era liberar una mano de obra muy abundante y muy barata, puesto que cobraban mucho menos que los hombres, para aumentar la producción española y poder competir con Europa en el sector textil.

A día de hoy hemos avanzado mucho, pero aún hay sectores más tradicionalmente asociados a lo masculino en el que una mujer tiene que demostrar su valía mucho más que un hombre para justificar su posición.

4. En la historia, Almudena entra en el taller de doña Eulalia y comienza un recorrido que terminará llevándola hasta el guardarropa de la reina María Luisa de Parma. ¿Qué importancia tienen las relaciones entre estas mujeres y hasta qué punto querías reivindicar la sororidad y las redes de apoyo femeninas que existían incluso en una época tan desigual?

Las redes de apoyo femeninas siempre han sido muy importantes, a lo largo de toda la historia. En mi vida han tenido también mucho protagonismo, me he sentido muy apoyada siempre por mi familia, mis amigas, mis compañeras de trabajo, incluso por desconocidas. Quería volcar esto en la novela, demostrar que, en una sociedad tan difícil para las mujeres como era la España de finales del siglo XVIII, apoyarse unas a otras era una cuestión de supervivencia.

5. La novela combina la investigación histórica con intrigas palaciegas, rivalidades y secretos familiares. ¿Cómo has conseguido equilibrar el rigor histórico con los elementos de ficción y suspense para mantener al lector enganchado sin perder la credibilidad de la época?

Almudena llega a ser costurera en la corte, y en la corte siempre hay intrigas y secretos, así que, por ese lado, era fácil introducir estos elementos. Respecto al secreto familiar y las conspiraciones que aparecen, que son totalmente ficticias, se fueron desarrollando de forma orgánica. En la primera parte están presentes, pero menos desarrolladas, porque la historia se centra en el ascenso de Almudena. En la segunda parte, que ella ya está en el centro de todo, en la corte, se aceleran de manera natural.

Intento crear una historia dinámica y que enganche, pero mi prioridad es siempre que sea coherente y creíble dentro del contexto histórico. No sacrificaría rigor histórico por una buena escena o una parte de la trama, así que eso siempre lo tengo en mente al crear mis historias.

6. El mundo de la costura ocupa un lugar central en la trama, desde los talleres madrileños hasta los vestidos de la corte. ¿Qué proceso de documentación has seguido para recrear los tejidos, las técnicas, los talleres y el trabajo de las costureras? ¿Ha cambiado tu propia percepción de este oficio después de escribir la novela?

Siempre me ha gustado mucho la moda, y también la historia de la moda, así que no me acercaba a este mundo totalmente desde cero. Pero me ha gustado mucho investigar el tema de la moda real: jerarquías en el guardarropa, gastos en vestuario, pedidos a París, el mensaje que se quería lanzar con la imagen que se proyectaba… Ahora soy mucho más consciente de que la moda lanzaba también un mensaje, y de que su evolución (como el cambio de silueta, cada vez con menos volumen durante el reinado de Carlos IV y María Luisa de Parma) tenía un motivo político detrás.

La documentación ha sido muy divertida, y me he basado en tesis doctorales, artículos, documentos y libros sobre el sector textil de la época, sobre todo en la corte. Lo bueno es que en ese momento ya se documentaba todo, así que sabemos hasta el número de vestidos anuales que encargaba María Luisa.

7. El acceso de Almudena al mundo profesional está ligado a un cambio legislativo que reconoce a las mujeres el derecho a ejercer un oficio por cuenta propia. ¿Qué papel desempeñan los cambios legales y las resistencias de los sectores más conservadores en la historia, y qué te interesaba contar sobre la lucha por conquistar derechos?

Fueron cambios muy importantes, aunque la motivación no fuera liberar a la mujer. Querían mano de obra abundante y barata, y por eso se las permitió trabajar en los oficios. Al mismo tiempo, querían limitar el poder de los gremios, que tenían mucha influencia y eran eminentemente masculinos, y este fue el sector que más se resistió a esta medida, acusando a las costureras de inmiscuirse en su terreno.

Quería que quedara claro que los derechos nunca son fáciles de conquistar. Hay que luchar por ellos, hay que hacer uso de ellos y hay que defenderlos con uñas y dientes para preservarlos.

8. La acción transcurre en una corte marcada por las intrigas y por los ecos de la Revolución francesa. ¿Cómo influye ese contexto político y social en el destino de los personajes? ¿Qué te permitía explorar el contraste entre el lujo de palacio y las dificultades de quienes trabajaban para sostenerlo?

La Revolución francesa está sobrevolando la novela. Lo que ocurre en Francia influye en lo que ocurre en España, sobre todo en la corte, pero para el pueblo llano todavía son poco más que rumores: la población no tenía mucha idea de lo que estaba ocurriendo.

Respecto al contraste entre el lujo palaciego y la vida de sus trabajadores, me encantó escribirlo y mostrarlo. Un mundo estaba lleno de lujos, pasillos alfombrados y telas que valían una fortuna, pero también de decisiones impuestas, de traiciones e intrigas. El otro era más sencillo, más duro, y tenía que trabajar mucho para salir adelante, pero, al mismo tiempo, sabían disfrutar de la vida.

9. Uno de los grandes motores de la trama es un secreto enterrado en la memoria de la familia de Almudena, capaz de poner en peligro su futuro. Sin desvelar nada importante de la historia, ¿qué te atraía de explorar el peso de los secretos familiares y la manera en que el pasado puede condicionar el presente?

Como historiadora, tengo muy claro que el pasado puede condicionar el presente: lo hace continuamente. Me gustó mucho desarrollar este secreto familiar, esta búsqueda de Almudena por entender quién fue en realidad su madre, en qué estaba metida. Pocas cosas nos atraen tanto como los secretos enterrados en nuestra propia historia, y pocas cosas pueden condicionarnos tanto como lo que ocurrió en nuestra familia antes de nosotros y que no se cuenta.

10. Eres historiadora y has publicado los libros De viento y sal, Loto rojo y Retrato de una corte. ¿Cómo influye tu formación en Historia en tu manera de escribir ficción? ¿La documentación suele darte primero la historia o son los personajes quienes te llevan a investigar una época concreta?

Para mí la documentación es clave. A veces viene primero el personaje, otras la historia, pero en todos los casos la investigación es lo primero que llevo a cabo, lo fundamental, sin lo que no puede existir todo lo demás. Si no lo hiciera así, no escribiría novela histórica, o, al menos, eso es lo que yo creo.

De viento y sal surgió de querer contar la historia de un personaje que siempre, desde niña, me había llamado la atención: Anne Bonny. Investigando sobre ella y otras mujeres pirata apareció la figura de Ching Shih, que fue la protagonista de mi siguiente novela, Loto rojo. A Retrato de una corte llegué siguiéndole la pista a Juana Pacheco, mujer de Diego Velázquez, y fue a través de ella como llegué a los demás protagonistas y a la historia que acabé contando, y en La costurera de la reina fue el hallazgo de la Real Cédula lo que me hizo tirar del hilo. Nunca se sabe dónde puede surgir la chispa que se convertirá en una novela.

11. En tus novelas has explorado distintos momentos históricos y personajes. ¿Qué ha supuesto para ti escribir La costurera de la reina y qué diferencias destacarías respecto a tus obras anteriores? ¿Hay algún personaje o pasaje de esta novela que te haya resultado especialmente difícil o emocionante de escribir?

Por un lado, crear a Almudena y al resto de protagonistas ha sido un reto, porque venía de novelar a personajes que existieron realmente y, en este libro, los personajes principales son todos de ficción, al igual que la trama. Esa diría que es la principal diferencia, porque la base, poner en valor figuras femeninas que salieron adelante en sociedades que no remaban a su favor, es común a todas mis novelas.

Y, por el mismo motivo, ha sido muy bonito crear a estos personajes desde cero, porque he tenido total libertad y eso ha hecho que me haya sentido muy cercana a ellos. Como escenas emocionantes, siempre, en todas mis novelas, lo que más me emociona escribir son los finales. Porque no solo es el final de la historia, es el final de esa etapa de mi vida donde yo estoy viviendo en esa época histórica, donde convivo con los personajes, donde son míos nada más. A partir de ahí empieza una etapa distinta, bonita y emocionante, pero despedirte de la historia que tú creaste (y eso es para mí escribir el final) siempre emociona.

12. Para terminar, ¿qué te gustaría que sintieran o se plantearan los lectores al cerrar La costurera de la reina? Y mirando al futuro, ¿puedes adelantarnos algo de tus próximos proyectos literarios sin desvelar más de la cuenta?

Me gustaría que sintieran que el tiempo que han dedicado a leer la novela ha sido tiempo bien invertido, que ha merecido la pena. Que les haya entretenido, les haya enseñado y les haya hecho pensar en todo lo que se ha tenido que luchar para llegar hasta aquí.

Respecto a los proyectos futuros puedo decir que estoy con varias ideas rondando a la cabeza. Haciendo investigaciones preliminares y montando un poco las historias, imaginando personajes… Es un momento muy divertido, porque aún no sabes qué idea es la que tomará la delantera y se convertirá en la próxima novela.





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