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Cita con Iñaki C. Martínez

 

Con una trayectoria de más de dos décadas vinculada al periodismo deportivo y a la cobertura de algunas de las competiciones más importantes del mundo, Iñaki C. Martínez da un paso más en su faceta literaria con Estoy muerto y es culpa tuya, un thriller que se adentra en los rincones más oscuros de una industria que millones de personas observan cada semana desde las gradas, los estadios y las pantallas de televisión. Lejos de la imagen idealizada del deporte profesional, la novela propone una mirada inquietante sobre el poder, la influencia mediática, los intereses económicos y las consecuencias que puede tener el éxito cuando deja de ser un sueño para convertirse en una carga.

La historia arranca con una premisa tan impactante como sugerente: la aparición sin vida de una gran estrella del fútbol mundial. Un deportista admirado, rico, exitoso y aparentemente dueño de una vida perfecta. Sin embargo, tras ese titular que monopoliza portadas y tertulias deportivas, comienza a emerger una realidad mucho más compleja. La investigación no solo busca descubrir quién es responsable de la muerte del jugador, sino también quién tiene la capacidad de manipular la verdad, controlar los relatos y decidir qué información llega al público y cuál permanece oculta.

A través de una trama que combina misterio, periodismo de investigación y crítica social, la novela construye un retrato de las estructuras de poder que orbitan alrededor del fútbol moderno: clubes, representantes, medios de comunicación, patrocinadores y figuras públicas cuyos intereses se cruzan constantemente. En ese contexto cobra especial importancia la figura de Dani, una periodista que se convierte en los ojos del lector y cuya búsqueda de respuestas sirve para explorar también las luces y sombras del propio oficio periodístico.

Con un ritmo ágil y marcadamente cinematográfico, Estoy muerto y es culpa tuya se presenta como una lectura que trasciende el ámbito deportivo para reflexionar sobre cuestiones universales: la ambición, la fama, la presión social, la construcción de la imagen pública y la fragilidad humana que puede esconderse detrás de quienes parecen haber alcanzado el éxito absoluto. Una novela que invita a desconfiar de las apariencias y a preguntarse qué historias permanecen ocultas detrás de los grandes titulares.

Con motivo del lanzamiento de esta obra, hemos conversado con Iñaki C. Martínez sobre los temas que aborda la novela, la influencia de su experiencia periodística en la construcción de la historia, el funcionamiento del ecosistema que rodea al deporte profesional y los desafíos de dar el salto de la realidad a la ficción.


La novela arranca con una premisa impactante: un futbolista de élite aparece muerto cuando aparentemente lo tenía todo. ¿Qué te atrajo de esa contradicción entre éxito público y derrumbe privado?

Porque nadie se espera que alguien que lo tiene todo pueda decidir acabar con su vida. A ojos de una persona normal es un sinsentido. Pero, en realidad, alcanzar el éxito conlleva muchas cosas. Y algunas son malas. Pero el derrumbe privado puede llegar también aunque no seas famoso. En el fondo, todos somos iguales.

A lo largo del libro muestras una visión muy cruda de las estructuras de poder que rodean al fútbol profesional. ¿Hasta qué punto hay experiencias, observaciones o situaciones reales que han servido de inspiración para construir este universo?

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Siempre hay un punto de partida. Real o inventado. Una leyenda que te cuentan o una situación en la que estás envuelto. Pero espero que la realidad sea mucho más aburrida que lo que sucede en la novela. Por nuestro bien.

Uno de los aspectos más interesantes de la novela es que la investigación no solo busca descubrir quién cometió el crimen, sino quién tiene la capacidad de ocultarlo. ¿Era esa reflexión sobre el poder uno de los temas centrales que querías abordar?

Los peores villanos son los que parecen los buenos de la película. Y para parecer bueno tienes que controlar lo que dicen de ti. El poder (y los que lo ejercen) no es sólo la capacidad de tomar decisiones sino que también implica que el resto lo aceptemos. Y si para ello hay que ocultar algo…

La figura de la periodista que sigue el caso aporta una mirada muy distinta a la del entorno futbolístico. ¿Qué te permitía explorar este personaje que no habrías podido contar desde otro punto de vista?

Los ojos de Dani se posan en el periodismo, la televisión y el ego de las personas que forman parte de ese mundo. Dani representa a muchas personas que quieren triunfar en el periodismo y que por muchas razones, no lo logran. También es un personaje que conoce ese sistema y tiene una visión idealizada.

El libro refleja cómo los medios de comunicación pueden influir en la percepción de la verdad. Como periodista con más de dos décadas de experiencia, ¿cómo ha influido tu profesión en la construcción de esta trama?

La influencia es clara. Y grande. Me ha ayudado a explicar las cosas de manera sencilla. Quiero que el lector pueda comprender el funcionamiento de una profesión que o está muy idealizada o muy maltratada. En los últimos años, creo que más bien lo segundo…

Has trabajado cubriendo grandes acontecimientos deportivos y conviviendo con figuras de primer nivel. ¿Crees que el público conoce realmente cómo funciona el ecosistema que rodea a las estrellas del deporte?

Creo que conocen una parte, otra la imaginan y otra es un misterio total. Al no tener la fotografía completa, los huecos se rellenan con deseos, odios y con las películas que nos montamos en la cabeza. ¿Las estrellas son unos privilegiados? Por supuesto. ¿Pagan una factura muy grande? También. No son pobrecitos. Eso está claro. Pero no es un camino de rosas.

En comparación con tu primera novela, Si te digo mi nombre tendré que matarte, ¿qué sentías que querías hacer diferente o llevar un paso más allá en esta segunda incursión literaria?

El tono. Quería bajar las revoluciones. Demostrar que puedo escribir de una manera rabiosa pero que también puedo hacerlo de un modo más sosegado. Manejar esos impulsos. Quería que el lector supiese que es una novela escrita por mí pero que al mismo tiempo le pareciese otra cosa.

El ritmo de la historia es muy cinematográfico, con capítulos que empujan constantemente al lector a seguir avanzando. ¿Piensas tus novelas visualmente, casi como si estuvieras montando una serie o una película?

Sí. Sin duda. Trabajo en televisión desde hace dos décadas. Consumo series y películas como si las fueran a prohibir. Es lo que me gusta. Y escribo para un “yo” lector al que no le aburriese esta novela. Me imagino hasta la ropa que llevan en cada momento. En los diálogos, los planos que yo haría… soy un director de cine frustrado.

La obra muestra rivalidades, intereses económicos, agentes, clubes y medios de comunicación entrelazados. ¿Cuál fue el mayor reto a la hora de equilibrar todos esos elementos sin perder la tensión narrativa?

Quería que todo fuera lo más real posible dada la trama y que es ficción. Aunque la realidad es lo suficientemente exagerada como para que yo pretenda hacerlo todo más loco. Tampoco quería que los personajes fueran caricaturas. Quería que fueran, dentro de mi estilo, lo más lógicos dadas sus circunstancias.

Hay personajes que viven atrapados entre la ambición y la moralidad. ¿Crees que el éxito, cuando alcanza ciertos niveles, puede convertirse también en una forma de prisión?

Lo creo porque lo he visto. Una persona de mucho éxito no puede hacer ciertas cosas. Cosas normales. O no puede dejar que le vean hacer cosas normales. Es incómodo ser el centro de atención todo el tiempo. ¿Que ganas mucho dinero y tienes casoplón? Correcto. Pero no puedes bajar la basura en pijama. O no puedes quedarte dormido en la playa. O roncar. O enfadarte en público. El éxito también es una droga, ojo.

Después de tantos años vinculado al periodismo deportivo y a competiciones como la NBA, la Fórmula 1 o el tenis, ¿qué diferencias encuentras entre contar historias reales y construir una ficción desde cero?

La realidad está ahí y tú solo tienes que contar lo que ves. Es sencillo. Solo contar la verdad. Con la ficción el proceso es muchísimo más complejo. Puedes basarte en algo real pero su desarrollo parte de tu cabeza. Ahí es donde está la magia y también el problema.

El fútbol suele presentarse como un espectáculo lleno de héroes. Sin embargo, tu novela se adentra en sus zonas más oscuras. ¿Qué querías que descubriera el lector al asomarse a esas cloacas que mencionas en la sinopsis?

Para que existan héroes, necesitamos villanos. No hay luz sin oscuridad. Nada es bonito todo el tiempo. Y creo que no nos damos cuenta de ello. Damos por sentadas las cosas. Para que unos brillen, hay otros muchos que o se han quedado por el camino o han sido engullidos por el sistema.

Muchos lectores podrían preguntarse si algunos personajes o situaciones tienen referentes reconocibles. ¿Te preocupaba que se establecieran paralelismos con figuras reales del mundo del deporte?

No. Cuando leo una novela, me imagino de una manera a los personajes. Cuando tú lees una novela, te imaginas de una manera a los personajes. Cada persona piensa distinto. Mi madre estaba convencida de que me había basado en un futbolista para cierto personaje. Y la verdad es que no…

A lo largo de tu carrera has contado historias de grandes deportistas como LeBron James, Lewis Hamilton, Carlos Alcaraz o Jannik Sinner. ¿Hay algo que hayas aprendido observando a estos referentes que también haya influido en tu manera de escribir personajes?

Que todos son unos obesos del trabajo y de ser perfectos en lo suyo. El talento puede darte la oportunidad pero el esfuerzo te mantiene y te hace histórico. Y suelen ser más normales de lo que parece.

Tras leer Estoy muerto y es culpa tuya, queda la sensación de que detrás de cada gran titular puede esconderse una historia mucho más compleja. ¿Qué te gustaría que el lector siguiera pensando una vez cerrada la última página?

Que siempre hay que mirar más allá. Ser más analítico y descartar el primer pensamiento. También me gustaría que pensasen que la novela les ha entretenido y que quieren que siga escribiendo jajajaja.  


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