Tras la acogida de El reflejo de lo que soy, Ángel Rovira Sánchez regresa con El reflejo de lo que fuimos, una segunda parte más madura, intensa y emocional que amplía el universo de sus personajes y se adentra en las consecuencias reales de las decisiones tomadas en el pasado. La novela retoma las vidas de Abril, Oliver, Eneas y Lucas para mostrar que alcanzar la estabilidad no significa necesariamente encontrar la paz.
Publicada por ExLibric en 2026, la obra mantiene los temas que hicieron conectar a los lectores con la primera entrega —amor, identidad, diversidad y salud mental—, pero los aborda desde una perspectiva más adulta, honesta y sin concesiones.
Un amor que no borra las heridas
Si la primera novela exploraba el despertar emocional y la identidad personal, esta continuación se centra en el peso del pasado. Abril y Oliver han construido una vida aparentemente plena: matrimonio, familia y el negocio con el que soñaban. Sin embargo, Abril sigue sintiendo un vacío que amenaza con romper esa estabilidad. Un viaje inesperado y el regreso de antiguos fantasmas reabren heridas que creían cerradas.
La novela plantea una idea poderosa: crecer no significa dejar atrás el dolor, sino aprender a convivir con él.
Personajes que evolucionan… y se enfrentan a sí mismos
Uno de los puntos fuertes del libro —y uno de los aspectos más valorados por los lectores de la saga— es la construcción emocional de sus personajes. Rovira Sánchez profundiza en sus contradicciones, inseguridades y decisiones, mostrando una evolución coherente con el paso del tiempo.
Además, la historia amplía las tramas secundarias: Eneas y Lucas continúan su camino vital por separado hasta que un reencuentro inesperado vuelve a unirlos, generando nuevas tensiones emocionales.
El autor demuestra aquí una mirada más madura, ofreciendo personajes más complejos y realistas que en la primera entrega.
Temas delicados tratados con honestidad
Uno de los aspectos más destacados de la novela es su valentía temática. El relato aborda cuestiones como: la paternidad y sus desafíos emocionales, la depresión y el vacío existencial, los traumas del pasado, el abuso de poder, la diversidad afectiva y sexual y la salud mental
Todo ello se presenta con respeto y con un mensaje claro de esperanza, sin caer en el melodrama ni en soluciones simplistas.
El autor muestra cómo las dudas y las inseguridades pueden poner en peligro incluso los vínculos más sólidos, pero también reivindica la posibilidad de reconstruirse y empezar de nuevo.
Un tono más intenso y emocional
Está segunda parte mantiene una lectura ágil, pero con una carga emocional más profunda e intensa que su predecesora.
La prosa de Rovira Sánchez apuesta por la cercanía y la autenticidad, permitiendo que el lector se reconozca en los conflictos cotidianos que plantea la historia.
Si El reflejo de lo que soy hablaba del descubrimiento personal, El reflejo de lo que fuimos habla de las consecuencias de ese descubrimiento.
Más allá del drama emocional, la novela es una oda a las segundas oportunidades. Explora la idea de que el amor no es perfecto, que las relaciones cambian con el tiempo y que sanar no siempre significa olvidar.
El resultado es una obra íntima, honesta y profundamente humana que invita a reflexionar sobre las decisiones que nos definen y sobre el peso invisible del pasado.
El reflejo de lo que fuimos es una continuación necesaria que no se limita a prolongar la historia anterior, sino que la amplía y la hace crecer emocionalmente. Ángel Rovira Sánchez ofrece un retrato sincero de las relaciones adultas, los conflictos internos y la búsqueda de equilibrio entre lo que fuimos y lo que aún estamos aprendiendo a ser.
Una lectura recomendable para quienes buscan historias cercanas, emocionalmente honestas y con personajes que reflejan la complejidad real de la vida.
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