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‘Un dios salvaje’ regresa al Teatro Alcázar: cuatro adultos, una pelea infantil y una batalla que nadie esperaba

 

El próximo 2 de octubre, el Teatro Alcázar de Madrid volverá a abrir sus puertas a una de las comedias más incisivas, incómodas y brillantes del teatro contemporáneo: Un dios salvaje, de la dramaturga francesa Yasmina Reza. Tras el éxito de su primera temporada, la obra regresa a la cartelera madrileña con buena parte de su elenco protagonista y bajo la dirección de Tamzin Townsend, en una versión adaptada por Jordi Galcerán.

Sobre el escenario volverán a encontrarse Luis Merlo, Clara Sanchís y Juanan Lumbreras, a quienes se incorpora Eva Isanta, formando un cuarteto dispuesto a llevar hasta sus últimas consecuencias una aparentemente sencilla reunión entre dos parejas.

Porque, en realidad, todo comienza de una manera bastante cotidiana. Dos matrimonios se reúnen para hablar de un incidente protagonizado por sus hijos: uno de los niños ha golpeado al otro en un parque. Los adultos pretenden resolver la situación desde la educación, el diálogo y la responsabilidad. Al menos, esa es la intención inicial.

Lo que ninguno de ellos imagina es que aquella conversación aparentemente civilizada acabará convirtiéndose en una auténtica batalla campal.

Cuando la cortesía se convierte en una trampa

Uno de los grandes atractivos de Un dios salvaje reside precisamente en esa transformación progresiva. Reza parte de una situación aparentemente insignificante para construir un mecanismo teatral de enorme precisión. Las buenas maneras comienzan a resquebrajarse, los argumentos dejan paso a los reproches y las diferencias entre las dos parejas empiezan a revelar conflictos mucho más profundos.

Lo que inicialmente parece una conversación entre padres preocupados por solucionar un problema termina convirtiéndose en una lucha de egos, frustraciones, prejuicios y contradicciones.

Y ahí aparece el verdadero poder de la obra: nadie está completamente a salvo de quedar retratado.

La autora juega con las máscaras sociales y con esa necesidad que tenemos de presentarnos ante los demás como personas razonables, educadas y capaces de controlar nuestros impulsos. Sin embargo, basta con presionar en el lugar adecuado para que esa fachada comience a desaparecer.

El resultado es una comedia feroz, cargada de humor corrosivo, en la que las risas conviven constantemente con una pregunta incómoda: ¿somos realmente tan civilizados como creemos?

Yasmina Reza y el nacimiento de un fenómeno teatral

Estrenada originalmente en 2006 en Zúrich, bajo el título Le Dieu du Carnage, la obra de Yasmina Reza se convirtió rápidamente en un fenómeno internacional. Su particular forma de observar las relaciones humanas, combinando humor, tensión y una extraordinaria precisión en los diálogos, permitió que el texto viajara posteriormente por escenarios de ciudades como París, Londres y Nueva York.

En España, la obra tuvo uno de sus primeros grandes éxitos con la versión estrenada en 2008, protagonizada por Maribel Verdú y Aitana Sánchez-Gijón, entre otros intérpretes, y recibió una excelente acogida tanto por parte de la crítica como del público.

Su historia también llegó a la gran pantalla. En 2011, Roman Polanski dirigió Carnage, adaptación cinematográfica de la obra, con un reparto internacional formado por Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz y John C. Reilly.

La vigencia del texto demuestra que el conflicto planteado por Reza está muy lejos de pertenecer a una época concreta. Al contrario: cuanto más tiempo pasa, más reconocible resulta.

Cuatro personajes frente al espejo

La nueva temporada de Un dios salvaje cuenta con un reparto encabezado por Luis Merlo, Eva Isanta, Clara Sanchís y Juanan Lumbreras, cuatro intérpretes que deben enfrentarse a uno de los grandes retos que plantea el texto: mantener el equilibrio entre la comedia y la incomodidad.

Porque el espectador se ríe, pero también se reconoce.

Los personajes empiezan defendiendo sus respectivas posiciones y tratando de demostrar que ellos son los adultos sensatos de la situación. Poco a poco, sin embargo, sus discursos empiezan a contradecirse. Las heridas personales aparecen, los secretos salen a la luz y aquello que parecía una discusión sobre dos niños termina revelando las miserias, frustraciones y contradicciones de quienes deberían estar dando ejemplo.

La dirección de Tamzin Townsend resulta fundamental para mantener ese delicado equilibrio entre el ritmo vertiginoso de la comedia y la tensión creciente que recorre toda la función.

El ‘dios salvaje’ que llevamos dentro

El título de la obra funciona como una declaración de intenciones. Ese dios salvaje representa el impulso primitivo que permanece oculto bajo las convenciones sociales: la rabia, la necesidad de imponerse, el orgullo, los prejuicios y la violencia que todos intentamos mantener bajo control.

Reza plantea así una situación aparentemente trivial para hablar de algo mucho más universal.

¿Cuánto tiempo podemos mantener las formas cuando sentimos que nuestros valores están siendo cuestionados? ¿Qué ocurre cuando alguien invade nuestro territorio? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para demostrar que tenemos razón?

La respuesta que ofrece Un dios salvaje no es precisamente tranquilizadora. Bajo la educación, las normas y las buenas maneras continúa existiendo una parte de nosotros mismos mucho más visceral.

Y basta una pequeña chispa para despertarla.

Una comedia que sigue hablando del presente

Casi dos décadas después de su estreno, Un dios salvaje mantiene intacta su capacidad para provocar carcajadas y, al mismo tiempo, incomodar al público. Su secreto está en que no presenta personajes completamente buenos o malos. Todos tienen razones para defenderse y todos terminan mostrando una cara que preferirían mantener oculta.

En una época marcada por la dificultad para escuchar al otro, por las discusiones que rápidamente se convierten en enfrentamientos y por una sociedad cada vez más acostumbrada a defender posiciones irreconciliables, la obra adquiere una especial resonancia.

Lo que ocurre sobre el escenario puede parecer exagerado, pero resulta inquietantemente familiar.

Porque quizá el verdadero golpe no lo da el niño del parque.

Quizá el verdadero golpe es descubrir que, detrás de nuestras certezas, todos llevamos dentro a nuestro propio dios salvaje.


Un dios salvaje podrá disfrutarse en el Teatro Alcázar de Madrid a partir del viernes 2 de octubre.

Horarios:

  • Miércoles a viernes: 20:00 h.
  • Sábados: 18:00 h y 20:00 h.
  • Domingos: 18:00 h.

Las entradas ya están disponibles a través de la web de GrupoSmedia.


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