Con más de dieciséis años de trayectoria a sus espaldas, Dani Parreño ha decidido dar un paso al frente con una de las canciones más personales y contundentes de su carrera. Tarjeta para chuches no es solo un nuevo lanzamiento, sino también una declaración de intenciones: una mirada sin filtros a experiencias marcadas por la manipulación, la decepción y el aprendizaje dentro de una industria que, según reconoce, le ha mostrado tanto sus luces como sus sombras.
Lejos de buscar la comodidad o el consenso, el artista apuesta por una propuesta musical intensa, incómoda por momentos y profundamente emocional, respaldada por una producción de Gustavo Ibáñez que potencia cada matiz de su mensaje. En esta entrevista, Dani habla sin tapujos sobre la génesis de la canción, la madurez artística que atraviesa actualmente, el impacto de la exposición mediática desde muy joven y el papel que la solidaridad desempeña en su vida y en su forma de entender el arte.
“Tarjeta para chuches” llega definida como tu proyecto más crudo, valiente y personal hasta la fecha. ¿En qué momento sentiste que estabas preparado para contar algo tan íntimo a través de la música?
Buena pregunta. Este tema llevaba en pausa desde 2021. Sabíamos que, por su crudeza, crítica y contenido explícito, iba a causar polémica y rechazo. Eso me ha pasado siempre, pero ahora estoy mentalmente preparado para recibir opiniones de todo tipo. Afortunadamente, la mayoría de los comentarios son fabulosos.
Creo que también es interesante contar la cara B de las cosas, porque este negocio no es nada sencillo. Me ha sentado bien hacer una canción tan compleja y real como esta.
La canción nace desde la mirada de un niño que crece rodeado de manipulación. ¿Cómo ha sido transformar experiencias tan duras en una propuesta artística tan directa y emocional?
La música tiene ese poder. Como dijo Tom Waits: “Me gustan las melodías bonitas que me cuentan cosas terribles”. No considero que yo cuente nada terrible, pero lo que te cuento lo hago acompañado de una pieza musical extraordinaria, y eso convierte el mensaje en algo mucho más emocional.
Por otro lado, está la forma metafórica de contarlo. Es mucho más interesante ver cómo cada cual interpreta el mensaje de la canción. El misterio mola.
Musicalmente, el tema se aleja bastante de sonidos más convencionales y apuesta por una producción áspera e intensa. ¿Tenías claro desde el principio que debía sonar incómoda y visceral?
Sí. He optado por no hacer canciones fáciles. Tengo un amplio rango vocal y no quiero esconderlo.
Respecto a la incomodidad, depende del oyente. Si una persona no se siente un ser de mierda, se quedará hasta el final; si su conciencia no está tranquila, sentirá rechazo e incomodidad y abandonará el tema.
Además, gracias a esa parte visceral he vuelto a tener haters y me ha hecho cierta ilusión, porque eso es un claro indicador de que la canción no ha pasado desapercibida. Estoy orgulloso.
Llevas trabajando en este proyecto desde 2021. ¿Qué ha cambiado en ti, tanto a nivel personal como artístico, desde aquella primera idea hasta la versión definitiva que escuchamos ahora?
Las experiencias. A partir de 2021 me pasaron muchas cosas. Descubrí de golpe esa cara B de una parte de la industria musical.
Todo se resume en una frase: “El que quiso y no pudo”. Me encontré con personas capaces de cualquier cosa simplemente porque alguien les dijo que no. Todo eso ayuda a componer y, lo más importante, te enseña mucho. Gracias a ellos he compuesto esta joya.
Gustavo Ibáñez vuelve a formar parte de la producción. ¿Cómo es trabajar con alguien que entiende tan bien tu universo artístico y emocional?
Maravilloso. Es como un padre. Son muchos años trabajando juntos, tiene muchísima paciencia y es un genio.
Fíjate, si a día de hoy no me ha mandado a freír espárragos, ya nada puede separarnos (risas). Cuando le presenté este tema le causó un pequeño “jiripo” temporal. El mensaje le encantó, pero pensó que se me había caído un tornillo por lo raro que era.
Al final se nota que ha disfrutado la producción, y eso se refleja en el resultado.
En “Tarjeta para chuches” has grabado tú mismo todos los coros del tema. ¿Qué importancia tiene para ti involucrarte en cada detalle creativo de tus canciones?
Siempre lo hago, pero aquí lo he gritado a los cuatro vientos porque esos coros se notan mucho y me gusta presumir de ello.
De hecho, en las próximas canciones se han convertido en una de mis señas de identidad. Forman parte de las historias. Me encanta involucrarme en todo: composición, arreglos, videoclips… No concibo mi carrera sin dejar una huella personal en cada proyecto.
Después de más de 16 años de trayectoria, habiendo pasado por formatos televisivos como La Voz Kids, Qué tiempo tan feliz o Cántame una canción, ¿cómo recuerdas aquella exposición mediática tan temprana?
Yo ya venía bastante educado desde casa. Salir en televisión implica que la gente te conozca y, aunque al principio me sentaba fatal que me pararan por la calle, entendí que era una consecuencia lógica de exponerse.
Me pasaron muchas cosas curiosas. A mi madre le salieron novios, aparecieron personas que aseguraban haber sido mis cuidadores, una chica llegó a decir que era mi novia… Incluso tuve que lidiar con situaciones mucho más desagradables y salir acompañado por seguridad tras algunos conciertos.
Si alguien con mi nivel de exposición ha vivido todo eso, no quiero imaginar lo que deben soportar las grandes superestrellas. Lo positivo es que gracias a aquella etapa hoy seguís escuchando mi música.
Tus últimos trabajos han sido candidatos tanto a los Premios MIN como a los Premios Academia de la Música de España. ¿Sientes que estás viviendo ahora tu etapa artística más madura y definida?
Sí, aunque todavía queda mucho por mostrar y, sobre todo, mucho por aprender.
Estoy atravesando un momento muy creativo y muy maduro.
Siempre has mostrado una implicación muy activa en causas solidarias, especialmente como embajador de la Fundación Alinur. ¿De qué manera influye esa sensibilidad social en tu forma de entender la música y el arte?
Los artistas somos personas muy sensibles. Mi camino en la música siempre ha ido de la mano de la solidaridad.
Alinur es mi ojito derecho. Gracias a ellos soy mejor persona. No traicionan, no engañan, no fingen y te entregan todo su cariño cuando sienten que deben hacerlo.
Me considero muy afortunado por haber sido elegido embajador. Las personas con capacidades diferentes son extraordinariamente capaces. Lo demuestran cada día en el arte, en el trabajo y en la vida. Aportan muchísimo valor a la sociedad y me encanta aprender de ellas.
Después de un lanzamiento tan intenso y personal como “Tarjeta para chuches”, ¿qué te gustaría que el público descubriera realmente de Dani Parreño cuando escuche esta canción?
Que ya no soy un niño.
Ahora tengo voz propia y, aunque siempre he expresado mi opinión desde muy pequeño y se me ha respetado, hoy si tengo que negarme a hacer algo, me niego y punto.
Asumo las consecuencias de mis decisiones y esa madurez se percibe claramente en la canción. Hay detrás un enorme trabajo vocal y artístico, además de una letra llena de verdad.

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