Con Los quereres de Lola, la escritora y periodista Cristina Hontanilla ha conquistado a miles de lectores con una historia que pone el foco en una realidad pocas veces representada en la literatura contemporánea: la de las mujeres maduras que, tras toda una vida dedicada a los demás, deciden por fin escucharse a sí mismas. Ambientada en la localidad extremeña de Guadalupe, la novela nos presenta a Lola Barrios, una mujer de 53 años que comienza un proceso de transformación personal marcado por la búsqueda de la libertad, el deseo, la identidad y la posibilidad de empezar de nuevo cuando la sociedad parece empeñada en decirnos que ya es demasiado tarde.
La obra, que ya ha alcanzado varias ediciones gracias al boca a boca y a la conexión emocional que ha generado entre sus lectores, combina sensibilidad, humor, reflexión y una mirada profundamente humana sobre los vínculos familiares, el duelo y los sueños aplazados. A través de personajes tan memorables como la propia Lola o la extravagante tarotista Petra, Cristina Hontanilla construye una historia que invita a cuestionar los caminos que seguimos por obligación y aquellos que realmente deseamos recorrer.
Hablamos con la autora sobre los orígenes de la novela, la importancia de dar voz a mujeres invisibilizadas por la ficción, el papel de la escritura como herramienta de autoconocimiento y los nuevos proyectos literarios que ya tiene en marcha.
Los quereres de Lola tiene como protagonista a una mujer de 53 años que decide replantearse su vida. ¿Por qué quisiste contar una historia protagonizada por una mujer madura en una etapa tan concreta de su existencia?
Pensé que era importante dar visibilidad a una figura a veces olvidada en la narrativa en España: las mujeres rurales en edad adulta. Lola cumple con unas características que, a pesar de englobarla en esa vida rural, rompe un poco el estereotipo de mujer de pueblo. Es una mujer soltera, culta, con una gran vida interior, ávida lectora, pero también muy arraigada a los deberes, a la vida que se le ha impuesto y le ha tocado vivir.
En los cincuenta las mujeres, de pueblo o no, están en lo mejor de su vida, y quería mostrar cómo también de un entorno de opresión como el que se describe en la historia de Lola se puede salir y elegirse.
La novela habla de los “deberes” impuestos frente a los “quereres” personales. ¿Crees que muchas mujeres siguen sintiendo que deben elegir entre ambas cosas?
Sin duda. Lo he visto, además, en la mayoría de los clubes de lectura en los que he tenido la suerte de participar a lo largo de los nueve meses de promoción que he hecho con el libro.
Aunque hay pequeñas diferencias entre las lectoras de Madrid y las del resto de España, especialmente las de los pueblos, sí que he visto la figura de la protagonista, Lola Barrios, reflejada en muchas de ellas. O ellas en la de Lola Barrios, como me decían. Toda una vida cuidando de otros, sin elegirse.
Por eso el mensaje de que nunca es tarde para abrazar los quereres es importante.
Lola encuentra en la escritura una vía de escape y de autodescubrimiento. ¿Qué papel ha jugado la escritura en tu propia vida?
Siempre quise escribir, ser escritora —quizá por eso estudié Periodismo, creyendo que me llevaría a ello—. Pero durante años no escribí nada; lo hacía en mi cabeza, en modo fantasma.
De adolescente escribí algunos relatos cortos e hice algún curso online, pero fue durante la pandemia cuando volví a escribir de verdad. En los años siguientes empecé a formarme en escritura creativa, relato y ahora novela, y me prometí a mí misma escribir una.
No solo lo cumplí, sino que ya estoy escribiendo la segunda. La escritura es, sobre todo, un acto de introspección que, en mi caso particular, me ha permitido conocerme, analizarme y evolucionar en mi camino de desarrollo personal. Además, aunque escribo por mi propia necesidad, también lo hago por la necesidad de generar algún tipo de emoción en otros que se sientan identificados con aquello que escribo. Es un acto de conexión.
La protagonista escribe relatos eróticos bajo seudónimo. ¿Fue complicado abordar el deseo femenino desde una perspectiva tan íntima y alejada de los estereotipos habituales?
Lo cierto es que no. Ya había jugado un poco con el género erótico —tengo un relato publicado en una antología de erótica— y me resulta bastante natural adentrarme en lo erótico sin caer en lo sexual, que es el reto.
Quizá, en el caso de Lola Barrios, el desafío estaba en hacerlo desde la perspectiva de una mujer tan peculiar como ella, con años de soledad y sin conexión física con un hombre.
Guadalupe, en Extremadura, tiene una presencia muy importante en la novela. ¿Por qué elegiste este escenario y qué aporta al desarrollo de la historia?
Guadalupe es, para mí, un personaje más de la novela. Sin esa localización la historia sería otra.
Elegí Guadalupe porque quería dotar a la protagonista de un entorno bonito, que estuviera oprimida, sí, pero en un lugar que fuera una vía de escape también para ella. Y Guadalupe es uno de los pueblos más bonitos de España, al que personalmente guardo un cariño especial por mi madre y mis abuelos.
Aunque yo soy manchega, Guadalupe es un lugar místico, con una energía increíble que acompaña muy bien a Lola y a Petra, la tarotista que la acompaña en la historia.
Uno de los temas centrales del libro es la reinvención personal. ¿Crees que socialmente seguimos asociando los nuevos comienzos únicamente a la juventud?
Un poco, sí. Por eso historias como la de Los quereres de Lola creo que son importantes, sobre todo para las mujeres.
A partir de ciertas edades, las mujeres son más sabias, más fuertes y más valientes, pero la sociedad patriarcal en la que hemos vivido —y vivimos aún— nos ha dicho que ya no servimos para nada a partir de los cincuenta.
Aplica para hombres y mujeres: nunca es tarde para comenzar de nuevo, cambiar de vida, decir que no y elegirse.
Petra, la tarotista que aparece en la novela, es uno de los personajes que más curiosidad despierta entre los lectores. ¿Cómo nació este personaje y qué simboliza dentro de la historia?
Petra ha sido, sin duda, el personaje más querido por las lectoras.
Sin esta tarotista extravagante, Lola no se atrevería a dar ningún paso y seguiría estancada en esa vida que le tocó vivir. Petra es la chispa que enciende el deseo de Lola por imaginar otra vida para ella.
Creo que toda Lola necesita una Petra en su vida, esa amiga que te dice: “Tú puedes, arriésgate, yo estoy contigo, confío en ti”.
Además, este personaje juega un doble papel que no desvelaremos para evitar spoilers, pero que tiene que ver con la figura materna.
La novela aborda cuestiones como el duelo, la identidad, el deseo y la libertad personal. ¿Cuál de todos estos temas fue el más difícil de desarrollar?
Sin duda el duelo.
Afortunadamente yo no he sufrido un duelo traumático o una pérdida tan cercana y dolorosa como la de un padre o una madre. Adentrarme en esos sentimientos fue difícil, pero también me permitió explorar otras formas posibles de lidiar con ello cuando llegue el momento.
Has trabajado como periodista y directora de marketing y comunicación. ¿Cómo ha influido esa experiencia profesional en tu forma de escribir ficción?
Para mí la escritura es parte de lo que me da de comer desde hace casi veinte años, de una manera u otra.
Tanto en el periodismo como ahora en marketing y comunicación corporativa, crear historias es mi día a día, aunque con objetivos diferentes. Diría que todo ello me ha ayudado mucho a desarrollar una gran agilidad a la hora de escribir narrativa.
Los quereres de Lola ha conectado especialmente con muchas lectoras a través del boca a boca y ya ha alcanzado varias ediciones. ¿Qué comentarios o reacciones de los lectores te han emocionado más?
Muchísimas mujeres de entre 60 y 80 años me han dicho al firmarles el libro: “Me ha gustado mucho porque yo soy Lola, me he sentido muy identificada y ya está bien que me elija”.
Es precioso cuando las lectoras te comparten sus miedos o te cuentan en qué aspectos concretos se han sentido reflejadas.
También algunos hombres me han comentado que la novela les ha ayudado a comprender mejor a las mujeres y cómo se sienten ante determinadas situaciones.
La novela transmite un mensaje muy potente sobre la necesidad de escucharse a uno mismo. Si Lola pudiera dar un consejo a quienes están leyendo esta entrevista, ¿cuál crees que sería?
El que siempre damos: nunca es tarde para abrazar tus quereres y elegirte.
12. Tras el éxito de tu debut novelístico, ¿estás trabajando ya en nuevos proyectos literarios? ¿Puedes adelantarnos algo de lo que está por venir?
Sí. Lo más inmediato es la antología Nosotros las bestias, publicada por Escuela de Escritores de Getafe, de la que soy alumna y en la que aparece mi cuento La herencia de Michoacán.
Además, llevo varios meses trabajando en mi segunda novela. Se trata de una historia que entrelaza la ficción contemporánea con el gótico manchego. Aunque todavía no tiene título, narra la historia de una ejecutiva al borde del colapso que regresa a su pueblo, Almagro, huyendo de sus propios fantasmas y fracasos para enfrentarse al oscuro secreto de su familia y de sus ancestros.

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