Con Asesinato en el molino del cura, Arantza Portabales regresa al universo de Loeiro con una historia donde el thriller se mezcla con la memoria, el dolor y los silencios que sobreviven durante décadas. La novela arranca con una matanza ocurrida en 1984 en un antiguo molino de las Rías Baixas, un crimen que sigue proyectando su sombra sobre el presente y sobre todos aquellos que permanecieron en el pueblo.
En el centro de la historia encontramos a Alba Mariño, una mujer marcada por la pérdida de memoria que regresa a Loeiro para intentar reconstruir un pasado que le fue arrebatado. A partir de ahí, Portabales construye una novela asfixiante y profundamente emocional donde el entorno rural, los secretos familiares y la violencia estructural contra las mujeres se convierten en piezas fundamentales del relato.
Con una atmósfera opresiva y unos personajes llenos de heridas y contradicciones, Asesinato en el molino del cura confirma la madurez narrativa de una autora que sigue explorando la naturaleza humana a través de historias oscuras, intensas y cargadas de tensión emocional.
En Tu Otra Alternativa hablamos con Arantza Portabales sobre el origen de la novela, el proceso creativo detrás de Alba Mariño, la importancia de los escenarios y su evolución como escritora.
Para quien aún no se haya acercado a Asesinato en el molino del cura, ¿cómo venderías la historia en una sola frase?
Este es el choque de trenes entre una mujer que quiere recordar y un pueblo que solo quiere olvidar.
La novela arranca con un crimen de 1984 y el pasado tiene muchísimo peso en toda la historia. ¿Qué te interesaba explorar desde ahí?
El pasado siempre vuelve. Marca lo que somos y cómo nos comportamos. Y todavía es más terrible cuando la protagonista no tiene pasado, que es lo que le ocurre a Alba Mariño.
Alba Mariño es un personaje muy complejo emocionalmente. ¿Cómo se construye una mujer que no recuerda prácticamente nada de su vida?
Es difícil construir una mujer sin pasado porque todos somos conscientes de lo que nos ha marcado el nuestro. Alba Mariño no recuerda nada desde que tiene diez años. Yo pensaba mucho que, si me quitaran mis primeros años de vida, yo no sería la persona que soy hoy. Eso me ayudó mucho a construir esa sensación de amputación emocional.
También me apoyé en psicólogos y terapias, y fui construyendo sus recuerdos a base de miedo, de confusión y de sueños. Lo bonito es que Alba fue creciendo muchísimo mientras escribía la novela. Cuando llegué al final, era un personaje muchísimo más grande de lo que imaginaba al principio.
El silencio colectivo es uno de los grandes temas del libro.
Sí, totalmente. Es una novela de silencios. De un pueblo que sabe y no quiere contar. Para mí era muy importante que el pueblo se cerrara alrededor de Alba y la hiciera sentir constantemente que no era bienvenida. Ese silencio colectivo es muy propio de los pueblos pequeños.
El entorno también tiene muchísimo peso. El molino, el pueblo, los paisajes…
Loeiro está inspirado en Loira, el pueblo donde nació mi madre y donde yo iba de vacaciones cuando era pequeña. Es un lugar muy pequeño, con un entorno natural increíble y muchísimos molinos.
Ese contraste entre un paisaje tan bonito y una matanza tan salvaje me permitía crear un entorno muy potente, casi como si el propio pueblo atrapara a Alba Mariño mientras intenta descubrir qué ocurrió allí.
La novela también habla mucho sobre la violencia hacia las mujeres.
Sí. Es probablemente la novela con más violencia explícita que he escrito, pero también hay una violencia estructural muy fuerte. Quería hablar de lo que significaba ser mujer en los años setenta: ser juzgada, señalada y vivir bajo la mirada constante de los demás.
Ahí aparecen las hermanas Freijomil, que son algunos de los personajes más inquietantes de la novela.
Son un cruce entre las parcas de Shakespeare y las mujeres de La casa de Bernarda Alba. Son mujeres aisladas, enlutadas y marcadas por todo lo que han perdido. Pero siguen adelante sostenidas incluso por su propia frialdad. Como escritora, me lo he pasado increíble construyéndolas.
¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Eres muy estructurada o te dejas sorprender por la historia?
Yo tengo muy claro de qué quiero hablar antes de empezar. Pienso la novela durante meses y solo escribo cuando tengo toda la historia en la cabeza. Tengo una especie de escaleta mental, pero nunca la escribo porque soy tan cuadriculada que luego no podría salirme de ella.
Después llega la parte más bonita, que es descubrir a los personajes mientras escribo. Siempre comparo el proceso con hacer el Camino de Santiago: sabes cuál es el destino, pero lo importante es todo lo que descubres mientras recorres el camino.
¿Notas una evolución clara respecto a tus anteriores novelas?
Muchísima. Me he sentido más segura, más solvente y con más oficio. También he tenido un apoyo editorial muy bueno. Después de nueve libros, creo que la experiencia se nota y eso te da otra tranquilidad escribiendo.
¿Piensas en el lector mientras escribes?
No. Yo estoy contando una historia y tengo muy claro cómo quiero contarla. Sí pienso en mantener al lector dentro del relato, pero nunca escribo pensando en lo que espera de mí.
Muchos autores hablan de bloqueos creativos. ¿Te ocurre?
La verdad es que no. Lo que tengo son épocas de mucho cansancio o mucho trabajo, pero escribir siempre me ha resultado liberador. No soy una escritora que sufra escribiendo.
En tus novelas hay thriller, pero también mucha emoción.
Para mí lo emocional es fundamental. El thriller necesita ritmo y dosificación de la información, claro, pero yo necesito que el lector sienta cosas: miedo, tensión, emoción… Y también cuido muchísimo la forma. La escritura es música.
¿Vamos a volver a Loeiro?
Sí. Habrá un tercer Loeiro. Ese universo pequeño me permite poner la lupa sobre la naturaleza humana y todavía quedan muchas historias por contar allí.
Si pudieras hablar con la Arantza que empezaba a escribir, ¿qué le dirías?
“Querida Arantza… no te lo vas a creer”.
Y para terminar: ¿qué quieres que sienta el lector cuando cierre esta novela?
Que le retumbe en la cabeza como mil tambores de guerra.

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