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Cita con… Enrique Calvo



El 2026 se está consolidando como un punto de inflexión en la trayectoria de Enrique Calvo. Tras años construyendo un universo literario propio que transita entre lo psicológico, lo fantástico y lo emocional, el autor ha comenzado a recoger el reconocimiento de la industria literaria con varios galardones destacados.


Ganador del I Certamen de Novela Corta de la Asociación de Encuentros Literarios de España, finalista en Microterrores 2026 de Diversidad Literaria y también finalista del I Certamen Literario Océanos de Tinta, Calvo encara ahora una nueva etapa marcada por su salto a la publicación editorial tradicional con Infierno en la noche, una antología que promete adentrarse en los territorios más inquietantes de la mente humana.


En medio de su gira de firmas por distintas ciudades y con varios proyectos en desarrollo, hablamos con él sobre este momento clave en su carrera.




2026 está siendo un año especialmente importante para ti. ¿Cómo estás viviendo este momento profesional?


Está siendo un año muy intenso, pero sobre todo muy emocionante. Cuando escribes durante tanto tiempo sin saber qué recorrido tendrá tu trabajo, recibir este tipo de reconocimientos es una confirmación de que vas por el camino correcto. No lo vivo como una meta, sino como un impulso para seguir explorando y creciendo.



Si tuvieras que definir este 2026 en una sola palabra, ¿cuál sería?


Diría que “confirmación”. No en el sentido de haber llegado a ningún sitio, sino de sentir que todo el trabajo previo tenía un propósito y empieza a tomar forma.



Has sido ganador del I Certamen de Novela Corta de la AEL con Alma. ¿Qué ha significado este premio para ti?


Ha sido, sin duda, el más especial de este año. No solo por el reconocimiento en sí, sino porque Alma es una obra en la que me adentró en un thriller psicológico de un personaje con cicatrices del pasado.



¿Cómo fue el proceso de creación de Alma? ¿En qué momento supiste que era una historia especial?


Fue un proceso muy emocional. Desde el principio sentí que no estaba escribiendo una historia más, sino algo que conectaba directamente los instintos más primarios y con esa pregunta de: “¿y si los malos no son tan malos?”



Además, Alma forma parte de la antología Las cadenas de la memoria, publicada por Des-Hojas Editorial junto a las novelas finalistas. ¿Qué supone para ti ver la obra en este formato?


Es una forma muy bonita de darle continuidad al premio. No se queda solo en el reconocimiento puntual, sino que se convierte en un libro tangible que los lectores pueden descubrir. Además, compartir espacio con las obras finalistas le da un valor añadido, porque muestra distintas miradas dentro de un mismo certamen. Para mí es cerrar el ciclo de Alma de una forma muy completa.



También has sido finalista en Microterrores 2026 y en el Certamen Océanos de Tinta. ¿Cómo valoras estos logros en conjunto?


Los valoro muchísimo porque son certámenes muy distintos entre sí. Eso significa que mi escritura está conectando con diferentes jurados, estilos y sensibilidades. Para mí eso es clave: no encasillarme, poder moverme entre lo psicológico, lo simbólico y lo narrativo sin perder identidad.



¿Crees que los premios cambian la forma en la que un autor se percibe a sí mismo o su escritura?


Creo que pueden influir, pero es importante mantener cierta distancia. Los premios son un reconocimiento externo, pero la relación con la escritura es algo mucho más íntimo. Si dejas que definan tu voz, puedes perderte. Prefiero verlos como una consecuencia, no como un objetivo.



Tu próximo gran lanzamiento es Infierno en la noche, publicado por Des-Hojas Editorial. ¿Qué nos puedes adelantar?


Es una antología de terror psicológico y sobrenatural, pero con un enfoque muy centrado en lo humano. No es solo miedo por el miedo, sino historias que nacen de la mente, de las emociones, de lo que no decimos o reprimimos. Creo que es mi trabajo más oscuro hasta la fecha, pero también el más maduro.



¿Qué diferencia a Infierno en la noche de tus trabajos anteriores?


Creo que hay una evolución clara en la forma de construir las historias. Es más directo en algunos aspectos, pero también más profundo en otros. He intentado que cada relato deje una sensación, no solo un impacto inmediato.



Este libro marca además tu paso de la autopublicación a una editorial tradicional. ¿Qué aprendizajes te llevas de tu etapa como autor independiente?


Muchísimos. La autopublicación te obliga a entender todo el proceso: escritura, edición, diseño, promoción… Eso te da una visión muy completa del sector. Creo que es una base muy sólida para cualquier autor.



Más allá del terror y lo psicológico, también estás desarrollando proyectos dirigidos a un público infantil con Univampy. ¿Cómo nace esta faceta y qué papel están teniendo los talleres literarios?


Es una parte de mí que necesitaba salir. Univampy nace desde un lugar mucho más luminoso, más emocional y cercano, pero mantiene ese componente de identidad y diferencia que también está en mis otras obras.


Los talleres literarios están siendo una experiencia increíble, porque no solo presento la historia, sino que genero un espacio donde los niños pueden crear, imaginar y formar parte del universo. Es una forma de acercar la literatura desde el juego, desde la emoción, y eso me parece fundamental. Además, que cuento con el apoyo de las chicas de Freakafe. Susana y Sonia hacen que me sienta súper cómodo.



Trabajas tanto para público adulto como infantil. ¿Cómo cambia tu forma de escribir entre ambos registros?


Cambia el enfoque, pero no la intención. Con el público infantil buscas una mayor claridad, más juego, más cercanía. Pero el fondo sigue siendo el mismo: emocionar, contar algo que conecte. No creo que haya que simplificar el mensaje, sino la forma de transmitirlo. He de confesar que el público infantil me da mucho más respeto porque nunca sabes por dónde van a salir y tienen unos puntazos increíbles.



Tu obra siempre ha tenido una fuerte carga visual y emocional. ¿Cómo definirías tu estilo a día de hoy?


Diría que es una mezcla entre lo sensorial y lo simbólico. Me interesa mucho lo que no se ve directamente, lo que se intuye. Trabajo mucho con atmósferas, con sensaciones, con ese punto incómodo donde el lector no sabe exactamente qué está pasando… pero lo siente.



Además de este lanzamiento, estás inmerso en una gira de firmas bastante completa. ¿Qué supone para ti el contacto directo con los lectores?


Es de lo más importante. Es donde todo cobra sentido. Ver cómo alguien conecta con una historia que has escrito en silencio es algo difícil de explicar. Este año, además, estoy intentando que cada evento sea una experiencia cercana, no solo una firma.



Hablando de esa gira, ¿qué fechas tienes confirmadas actualmente?


Ahora mismo tengo varias fechas muy especiales:


  • Plaza Loranca 2 (Fuenlabrada) – 11 y 12 de abril
  • Feria del Libro de Alcobendas – 24 de abril
  • X-Madrid (Alcorcón) – 25 de abril
  • Feria del Libro de Ciempozuelos – 26 de abril
  • Taller Univampy en Freakafe (Móstoles) – 10 de mayo
  • Feria del Libro de Vallecas – 15 de mayo
  • Feria del Libro de Fuenlabrada – 23 de mayo


La idea es seguir ampliando fechas durante los próximos meses.



¿Qué te gustaría que se llevara un lector después de conocerte en persona?


Me gustaría que se llevara cercanía. Que sintiera que detrás de las historias hay una persona real, accesible, que escribe desde algo honesto.



¿En qué otros proyectos estás trabajando actualmente?


Ahora mismo estoy centrado en ultimar los detalles de Infierno en la noche y, en paralelo, he comenzado el desarrollo de lo que será mi primera novela larga. Aún está en una fase muy inicial, sobre todo de documentación y construcción, pero es un proyecto muy importante para mí porque supone un nuevo reto a nivel narrativo y creativo.



Para cerrar, después de un año como este, ¿qué le dirías a ese Enrique que empezaba a escribir?


Que tuviera paciencia. Que confiara más en su voz y menos en el ruido externo. Y, sobre todo, que siguiera escribiendo incluso cuando pareciera que no tenía sentido, porque al final todo ese camino acaba encontrando su lugar.


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