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Cita con… Clara Olóndriz

 

La artista Clara Olóndriz da un paso firme en su trayectoria musical con El Vuelo, un álbum cargado de emoción, introspección y valentía. Este trabajo no solo supone una evolución artística respecto a sus anteriores proyectos, sino también una declaración personal: la de alguien que ha decidido apostar por sí misma y por sus sueños, incluso cuando el vértigo parecía insalvable.


A través de sus canciones, Clara construye un viaje sonoro donde la caída, la reconstrucción y la esperanza conviven en equilibrio, invitando al oyente a reconocerse en cada historia. En esta entrevista, la artista nos habla del origen del disco, sus influencias, el proceso creativo y el significado profundo de ese “vuelo” que da título a su primer álbum.



El Vuelo suena muy íntimo y personal. ¿En qué momento de tu vida nace realmente este álbum?


Nace en un momento de muchos cambios, después de dejar Barcelona para mudarme a una zona tranquila de Alicante para empezar una nueva aventura desde cero y, casi en paralelo, tomar la decisión de dejar mi trabajo de oficina para apostar mi 100% a la música; un salto que me producía vértigo y que demoré muchos años, hasta que por fin reuní el valor para hacerlo. En medio de todo esto, nace la idea de emprender el vuelo, la convicción de perseguir mis sueños y las ganas de vivir el proceso, y de todo ello bebe el álbum. 




El concepto del “vuelo” es muy potente. ¿Qué significa para ti esa metáfora a nivel emocional y vital?


Para mí significa liberación, apostar por una misma e ir a por nuestros sueños, pero sin olvidarnos de que, a menudo, por encima de la meta lo más importante que nos llevamos son las vivencias que experimentamos en el camino, con todos sus altibajos. Estoy convencida de que la gracia de la vida está en el vuelo mismo y en el valor de emprenderlo, más que en el hecho de alcanzar el horizonte hacia el que nos dirigimos, aunque está claro que eso es un elemento motivador. 




A lo largo del disco hay una sensación constante de caída y reconstrucción. ¿Crees que el dolor es necesario para crecer?


Creo que es una parte intrínseca de la vida, juntamente con las buenas experiencias que tenemos la suerte de vivir, y pienso que ambas cosas nos enseñan y nos moldean como personas. A menudo nos centramos en las malas experiencias como motor de cambio o crecimiento, pero nos olvidamos de las partes más bonitas y mundanas de nuestro día a día, que pienso que también tienen el potencial de hacernos crecer como personas. En ese sentido, intento ser muy consciente, en cada situación, de qué puedo aprender con cada una de ellas. En el caso de los momentos difíciles, me gusta pensar que en el horizonte está una etapa de reconstrucción y la capacidad de volvernos a levantar después de cada caída, pidiendo ayuda si es necesario. 




Tus letras tienen una carga emocional muy fuerte. ¿Te resulta difícil exponerte así ante el público?


Escribir canciones me da la posibilidad de expresarme de una forma que a menudo me costaría en una conversación normal, tal vez por el miedo a que me juzguen, o de mostrarme demasiado vulnerable. Con la música encuentro la confianza para hacerlo, y en ese sentido me siento más segura. Antes escribía mi música en inglés, y eso me daba un poco de seguridad extra, porque pese a exponerme mucho con las letras, sabía que en un concierto, como mínimo de primeras, no todo el mundo me entendería de forma literal, lo que me hacía sentirme un poco más protegida. Cuando decidí cambiar al español, esta fue precisamente una de mis dudas: ¿me sentiría cómoda sabiendo que entendían todo lo que decía? Al final llegué a la conclusión de que una de las cosas más bonitas de la música es la conexión que puedes crear con la gente que te escucha y, precisamente, exponerme y mostrarme vulnerable nos acerca más, así que he acabado viéndolo como una fortaleza y una fuente de comunidad. 




Canciones como “Corona de Rey” hablan de relaciones complejas. ¿Hasta qué punto hay experiencias reales detrás de tus temas?


En la mayoría de mis temas suele haber una mezcla entre experiencias vividas (por mí misma o incluso situaciones que observo a mi alrededor y me hacen pensar o despiertan algo en mí) y narrativa. Me gusta mezclar ambos elementos porque de esa forma (creo) que consigo hacer que el mensaje sea más permeable y que cada persona que lo escuche se lo haga suyo y encuentre en él aquello que necesita. En “Corona de Rey”, por ejemplo, creé el personaje ficticio de “el Rey” para encapsular en él la figura de una relación tóxica, que en mi mente podía llegar a ser de cualquier tipo: de pareja, laboral, familiar o incluso con una misma, porque no siempre nos tratamos bien y nuestro peor enemigo podemos llevarlo dentro. 




Musicalmente te mueves entre el indie pop y una sensibilidad muy narrativa. ¿Qué artistas o sonidos han influido en este álbum?


Cuando era muy niña, en casa se escuchaban artistas como Phil Collins, Sarah McLachlan, Shania Twain o Peter Gabriel, así que supongo que son mis primeras influencias. A medida que crecí conocí la música de Ed Sheeran, Adele, Gabrielle Aplin o Amy MacDonald, que se convirtieron en referencia, y con los años fui adentrándome en el indie español. Tenemos una escena muy rica por suerte, pero entre varios referentes podría decirte Morgan, Viva Suecia, Izal, Vetusta Morla… Supongo que todos ellos han acabado influyendo de una forma u otra en mi forma de entender la música y en el sonido que le doy. 




Este proyecto llega después de El Salto. ¿Qué evolución dirías que has vivido entre ese trabajo y El Vuelo?


Están muy ligados entre ellos, de hecho, trabajamos las canciones de forma conjunta en el estudio, y las que forman parte de El Salto se han incorporado más tarde a El Vuelo. La idea era crear una narrativa en dos partes, que tuviera como hilo conductor los altibajos de el camino, la nostalgia, la esperanza y la fuerza, pero que dividiese la idea del viaje en dos partes: El Salto, que representa ese primer paso necesario para emprender el vuelo, esa decisión que da vértigo pero que es el inicio de todo; y El Vuelo, que ya contempla el camino en sí, y esa búsqueda de nuestros sueños. 




Cuando interpretas estas canciones en directo, ¿revives las emociones con las que las escribiste o han cambiado con el tiempo?


Pienso que todo muta. Es bonito revisar esos sentimientos, sean alegres o tristes, porque son parte de todo lo vivido. Una vez procesadas las emociones (para ello haber escrito al respecto ayuda mucho), y a medida que pasa el tiempo, dejo de vivirlas de la misma forma, como supongo que nos ocurre a todos. Poder seguir cantando al respecto es una forma de celebrar que hemos vivido aquello (en caso de que sea bueno) o que lo hemos superado y ya estamos en otro punto mejor (en caso de algo malo), así que para mí suele ser una sensación bonita y emotiva. 




Si alguien escucha El Vuelo por primera vez, ¿qué te gustaría que sintiera al terminar el disco?


Ganas de saltar y de ir a por aquello que les importa y les llena, de vivir el camino que elijan y abrazar todos los altibajos. Ojalá en él encuentren también su canción, la que les toca de cerca y les abraza, reconforta o les dibuja una sonrisa. 




Después de este primer álbum, ¿sientes que ya has despegado… o que el verdadero vuelo empieza ahora?


Es curioso, te diría que ambas cosas. Tomar la decisión de apostarlo todo por la música fue un camino y un despegue en sí mismo, y me gustaría reconocérselo a la Clara que pasó por todo eso, porque costó lo suyo y de ello salió más valiente y fuerte. Por otro lado, siento que esto acaba de empezar, que estamos arrancando el vuelo, que el horizonte queda lejos, y eso me emociona. Supongo que es la gracia del concepto de el vuelo, y de la vida misma. Nos ponemos objetivos, los vamos superando, seguimos volando, esto no se acaba, y siempre tenemos la oportunidad de sentir que nos embarcamos en un nuevo inicio. Al final, me reafirma en la creencia de que, por encima de las metas, está lo que vivimos en el camino, y eso me hace inmensamente feliz.  


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