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Cita con… Celia Esgar



En un panorama literario donde cada vez más autores buscan conectar desde lo emocional, Celia Esgar destaca por construir universos que no solo se leen, sino que se sienten. Su narrativa, profundamente sensorial, bebe de la fantasía oscura, el simbolismo y la exploración de la dualidad humana, invitando al lector a mirar dentro de sí mismo.


En esta entrevista para Tu Otra Alternativa, nos adentramos en su proceso creativo, su visión sobre la autopublicación y el salto editorial, y el papel fundamental que juegan sus lectoras en su camino como autora. Una conversación honesta, íntima y llena de matices que refleja perfectamente su forma de entender la escritura: como una experiencia que va mucho más allá de las palabras.



Para empezar por lo básico: ¿quién es Celia Esgar cuando no está escribiendo?


Cuando las luces de mi escritorio se apagan, soy una mujer que se deja llevar por los cinco sentidos. Me defino como una apasionada de los placeres sencillos y tangibles: una lectura que me atrape, una mesa compartida con buena comida o un paseo por el campo donde pueda sentir la tierra bajo mis pies. Mi naturaleza es una danza constante entre la estabilidad de mi Sol en Tauro, que necesita saborear y materializar la realidad, y mi ascendente en Géminis, que mantiene mi mente a mil por hora, siempre innovando y materializando ideas para sentirlas reales.


Esa necesidad de ‘tocar’ las ideas es lo que me llevó a emprender con proyectos como ‘El Perro de Papel’. De hecho, el logo de aquel proyecto es el perfil vectorizado de mi perra Gloria; ella falleció, pero sigue siendo el amor de mi vida y su recuerdo es el motor que transforma mi sensibilidad en algo real. Aunque estudié Filología Hispánica y la vida me ha llevado por distintos derroteros entre blogs y manuales, siempre he regresado a la escritura creativa. En el fondo, sigo siendo esa niña que necesitaba inventar mundos para entender este, solo que ahora busco que mis lectores no solo lean mis historias, sino que las experimenten con todos los sentidos.




¿Recuerdas el momento en el que dijiste “vale, quiero contar historias”? ¿Cómo empezó todo?


Creo que mi padre lo recuerda incluso mejor que yo. Todo empezó con una urgencia casi física por vaciar mi mente: llenaba folios y folios que él traía de su trabajo, volcando palabras y dibujos para atrapar las ideas antes de que se desvanecieran. Escribir, para mí, era como una especie de brújula mágica para no perderme en mi propio laberinto mental.


Ese impulso por crear se alimentó en la biblioteca de mi madre. Recuerdo leer a escondidas, siendo muy niña, una edición de ‘Las Mil y Una Noches’. Tenía unas tapas duras en azul y dorado, y un papel tan fino que se sentía como un libro sagrado. Ese contacto físico con la literatura —el tacto, el peso, el aroma— fue lo que me hizo dar el salto: pasé de habitar las historias de otros a sentir la necesidad de construir las mías. Al final, escribir es mi forma de materializar el pensamiento, de tocar lo que imagino y darle una forma que otros puedan recorrer.




Vienes de un perfil muy creativo ligado al diseño y la comunicación… ¿eso se cuela en tu forma de escribir aunque no quieras?


Absolutamente. Mi escritura es, en esencia, visual y sonora. Antes de que una sola palabra llegue al papel, yo ya he ‘visto’ la película en mi mente. Las escenas y los personajes se manifiestan primero como imágenes y sensaciones, especialmente cuando escucho música. De hecho, la música es el alma de mis novelas; trabajo con playlists en Spotify que yo misma diseño para que cada nota refleje la emoción exacta de un capítulo.


Haber trabajado más de diez años en diseño y marketing no fue una coincidencia, ahora pienso que fue una preparación. El universo, con su gran sabiduría, me dio las herramientas para que hoy pueda crear mis propias portadas y materiales gráficos, logrando que el lector entre en mi mundo incluso antes de leer la primera línea. Como perfil Generador Manifestante que soy, siento que estoy en esa etapa vital de manifestar todo lo aprendido —incluidos los errores—. Mi pasado en el diseño no solo se cuela en mi escritura, sino que la potencia, permitiéndome materializar ideas que de otro modo se quedarían flotando en la inmensidad.




Tus historias tienen una mezcla muy potente de fantasía, oscuridad y emoción. ¿Qué es lo que más te atrae de ese tipo de universos?


Lo que más me atrae es el aprendizaje alquímico que esconden. A menudo tememos a la oscuridad, pero yo creo que no hay problema en encontrar placer en ella; al fin y al cabo, la ‘noche oscura del alma’ es un regalo que nos obliga a mirar nuestras sombras para conectar, de verdad, con nuestra luz. Sin una no existe la otra. Somos la suma de todas nuestras aristas y, si no hacemos consciente lo que habita en nuestro inconsciente, eso termina dirigiendo nuestra vida bajo el nombre del destino, como dijo Jung.”


En mis novelas, la oscuridad y la luz no son bandos enfrentados, sino espejos. Quienes me leen saben que no creo en héroes ni villanos absolutos; solo hay almas tratando de sobrevivir con las herramientas que tienen. A veces toman decisiones egoístas por protección y otras altruistas por crecimiento, pero siempre hay un origen que busca el equilibrio. Supongo que aquí es donde se nota mi formación como coach: escribo sobre la dualidad humana porque entender nuestras sombras es la única forma de sanarlas y ser, finalmente, libres.




En tus libros se siente mucho la atmósfera, casi como si pudieras tocarla. ¿Qué es más importante para ti: lo que pasa o cómo se siente?


Para el cerebro, no hay una diferencia real entre ambas cosas: lo que se siente, sucede. Cuando vemos una película de terror y el pulso se acelera, nuestro cuerpo libera adrenalina porque no entiende de ficciones; la emoción es tan auténtica como si estuviéramos ante un peligro real en una calle desierta. Por eso, para mí, el ‘cómo se siente’ es el motor de ‘lo que pasa’.”


Dedico un tiempo casi obsesivo a construir las atmósferas porque quiero que mis lectoras no solo observen la historia, sino que la habiten. Solo cuando logras que alguien se sienta parte de ese universo —que la opresión sea física y el misterio sea algo que se respira—, es cuando el aprendizaje de la novela se vuelve real para su vida. No escribo para que lean una aventura; escribo para que sus sentidos la experimenten, porque aquello que logramos sentir es lo único que nos transforma de verdad.




Cuando empiezas una historia… ¿qué aparece primero: una imagen, un personaje, una escena o directamente una emoción?


Todo nace de una emoción. Generalmente es una chispa prendida por la música o una sensación interna que necesito manifestar. A partir de ese núcleo emocional, mi mente empieza a proyectar fragmentos de escenas: veo a mis personajes moviéndose, sintiendo y persiguiendo sus propios objetivos en respuesta a ese sentimiento inicial. Así es como la historia empieza a cobrar vida.


Para mí, lo fundamental es tener claro qué quiero comunicar; una vez que encuentro el mensaje, busco la mejor forma de entregarlo. Suelo trabajar con una escaleta que me sirve de mapa, aunque siempre dejo espacio para que la historia respire y me pida cambios si lo necesita. Soy consciente de que mi forma de escribir es peculiar y que exploro territorios que no todo el mundo está dispuesto a habitar; mis historias no siempre encajan en los moldes comerciales actuales, y quizá por eso el camino editorial es más desafiante. Pero prefiero esa honestidad brutal: escribo para quienes buscan algo que los sacuda, no para quienes solo quieren pasar las páginas.




Has creado mundos muy distintos en tus obras. ¿Te gusta explorar universos nuevos o prefieres quedarte y profundizar en uno ya creado?


Depende de lo que me pide cada  historia, pero ahora mismo confieso que estoy atrapada por el magnetismo del arte oscuro. Creo que el universo donde el alma se expresa —y se oculta— tras un lienzo tiene todavía mucho que ofrecer. Es un territorio que mis lectoras reconocerán de mis obras favoritas, como ‘El retrato de Dorian Gray’ o ‘El perfume’, y que constituye la espina dorsal de ‘Pinceladas de Sangre’ y ‘La Galería de las Musas Olvidadas’.”


Me fascina la idea de vernos a través de una mirada ajena; eso es lo que sucede en el arte, especialmente cuando el artista posee la capacidad de hacer alquimia con la esencia del otro. Incluso en mi ‘Dark Academia’, Velatrum, aparecen retazos de esta búsqueda. Más que saltar de universo en universo, me gusta profundizar en estas atmósferas donde lo estético y lo espiritual se funden, porque creo que la verdadera transformación ocurre cuando nos atrevemos a mirar de frente lo que el arte revela de nosotros.




¿Hay algún personaje tuyo al que le tengas un cariño especial… o incluso uno que te haya removido más de la cuenta?


Cada personaje que nace de mi pluma se lleva un fragmento de mi corazón, pero Eliza y Lilith ocupan un altar especial por lo que representan. Eliza, en ‘Pinceladas de Sangre’, me removió profundamente por su evolución: esa valentía de mirar de frente la maldición familiar y comprender que sus deseos más oscuros no la definen. Ella nos enseña que podemos permitirnos caer si es lo que deseamos, siempre que la caída sea nuestra propia elección.


Por otro lado, Lilith, de ‘La Biblioteca de las Almas Condenadas’, es la personificación de la pasión. A través de ella exploramos la historia de los ángeles caídos no como un castigo, sino como una divinidad que se arriesga por amor. Su vínculo con la diosa Itziar refleja esa dualidad humana donde el amor tiene el poder de sanar, pero solo cuando decidimos tomar, finalmente, las riendas de nuestro destino.


Ambas son, en esencia, un canto a la libertad de ser uno mismo, con todas nuestras luces y nuestras sombras.




Se habla mucho de disciplina vs inspiración. En tu caso, ¿eres de sentarte a escribir sí o sí o de esperar a que llegue el momento?


Para mí, la clave no está en elegir una de las dos, sino en encontrar el ‘punto dulce’ entre ambas. Disfruto profundamente del proceso de materializar ideas; en cuanto una cruza mi mente, siento la necesidad de volcarla al papel. Sin embargo, he aprendido que la disciplina más importante no es la que te obliga a escribir, sino la que te enseña a parar. Como soy una persona muy terrenal y sensorial, necesito nutrirme de lo que la vida ofrece fuera de la pantalla: un paseo por el campo, una buena comida o simplemente perderme en un maratón de Netflix.


Trato de mantener horarios, pero no por una cuestión de rigor académico, sino para proteger mi energía y evitar el temido burnout. Si nos pasamos de disciplinadas, corremos el riesgo de apagar la llama de la pasión que nos hizo empezar. Esto lo aprendí en mi emprendimiento, es uno de los motivos por los que ahora trabajo con empresas. Escribir debe ser un acto de disfrute, no una condena. Mi ‘disciplina’ consiste en estar presente en la vida para que, cuando llegue el momento de sentarme frente al teclado, tenga los sentidos llenos de experiencias que contar. Al final, solo si disfrutas de lo que haces puedes invitar al lector a disfrutar contigo.




Además de escribir, también compartes contenido ayudando a otros autores. ¿En qué momento decidiste dar ese paso?


La semilla siempre estuvo ahí. Desde que fundé ‘El Perro de Papel’ y ‘Emprendelove’, sentía el impulso de ayudar, aunque por mucho tiempo me enfoqué exclusivamente en emprendedoras, artesanas y coaches. Intenté dar el paso hacia el mundo de los autores en varias ocasiones, pero la vida parecía tener otros planes y siempre terminaba regresando a mi zona de confort profesional.


Sin embargo, cuando finalmente me atreví a publicar mis propias novelas, se hizo la luz: me di cuenta de que todo lo que he aprendido desde 2013 ayudando a mujeres a crear negocios digitales desde cero es oro puro para los autores emergentes. Los escritores autopublicados necesitan, más que nunca, herramientas de marketing, diseño y estrategia para que sus obras no se pierdan en el océano digital. Hoy me encuentro en ese debate tan humano: ¿volver a lanzarme a la piscina de lleno con este proyecto o mantener la paz y la calma que me da mi trabajo estable? De momento, aquí estoy, compartiendo lo que sé porque entiendo que mi misión es ayudar a otros autores a que sus historias también toquen la realidad.




Has apostado por la autopublicación, especialmente en Amazon. Desde tu experiencia, ¿qué es lo mejor… y lo más duro de ese camino?


Lo mejor y lo más duro coinciden en un mismo punto: hacerlo todo tú. Muchos autores cometen el error de pensar que pulsar el botón de ‘publicar’ en Amazon es el final del viaje, cuando en realidad es el kilómetro cero de tu carrera. Amazon te da el escaparate, pero tú tienes que llevar a la gente hasta la puerta, ya sea mediante contenido orgánico o inversión en publicidad.”


“Lo más difícil es construir una comunidad de lectores reales. A veces los escritores nos movemos en círculos de otros autores o reseñadores, pero ese no es siempre nuestro público objetivo; el lector auténtico es aquel que busca una historia por puro placer, no para hacer una colaboración. Yo siempre digo que no imagino a Stephen King haciendo intercambios de reseñas en Instagram. Para que escribir sea una forma de vida, hay que entender el marketing y el ROI: si inviertes, debe haber un retorno. En este mundo hay mucho ruido y pocos ‘marketers’ de verdad, por eso es vital aprender a diferenciar quién te ayuda a crecer y quién solo vende humo. Autopublicar es una pasión, sí, pero también es una gestión estratégica de tu propia marca.




Sabemos que estás a punto de dar el salto al mundo editorial con uno de tus próximos libros. ¿Qué nos puedes contar (sin spoilers 👀) y cómo estás viviendo este cambio?


Lo estoy viviendo con una mezcla de gratitud y un inevitable morderse las uñas. Estoy muy agradecida a la editorial; aunque no es un modelo tradicional puro, el acabado de sus libros es exquisito. El mayor reto para mí está siendo el ritmo. Como autora que domina los recursos de diseño y edición, estoy acostumbrada a que un libro vea la luz apenas un mes después de terminarlo, y ceder ese control me genera cierta inquietud creativa.


Sin embargo, tomé esta decisión por un motivo de peso: la distribución. Gestionar la logística para entrar en librerías y ferias de libro, como la de Aluche o la de Villacañas (mi pueblo), es una auténtica locura para una sola persona. Al delegar esa parte, gano la paz mental necesaria para centrarme en lo que amo: escribir y conectar con el lector. Eso sí, tengo claro que no voy a dejar de autopublicar; me apasiona la libertad que me da. Mi plan es seguir explorando ambos mundos: la agilidad de la independencia y la fuerza logística editorial. Al final, se trata de que mis historias lleguen lo más lejos posible sin que la logística me robe el alma en el proceso.




Después de haber vivido ambos mundos (o estar a punto de hacerlo), ¿qué diferencias crees que son más importantes entre autopublicar y publicar con editorial?


La palabra que define la diferencia es, sin duda, la libertad. Cuando autopublicas, eres la dueña absoluta de tu destino: tú marcas los tiempos, el estilo y los objetivos. Es un camino de soberanía creativa, pero también de exigencia profesional; si no tienes las herramientas para lograrlo, debes invertir tiempo en aprender o dinero en profesionales que lo hagan por ti. Es una regla universal en cualquier sector.


En cambio, el proceso con una editorial se simplifica a nivel operativo, pero a costa de ceder parte de esa libertad de decisión. Hay que ser realistas y entender que una editorial es un negocio que busca rentabilidad. Aunque a veces duela aceptarlo, un libro es también un producto, y en el mundo editorial tradicional, ese producto debe encajar en unos moldes específicos para ser rentable. La clave está en saber qué necesitas en cada momento de tu carrera: la libertad total del autor-emprendedor o el respaldo estructural de una casa editorial.




Tu comunidad está muy presente en tu camino como autora. ¿Qué papel juegan tus lectores en todo esto?


Mis lectoras lo son todo; son el pulso de cada página que escribo. No entiendo la literatura como un acto solitario, sino como un puente. Escribo pensando siempre en ellas, con la intención de sorprenderlas, entretenerlas y emocionarlas. Mi objetivo principal es que, al cerrar el libro, sientan que han vivido una experiencia única, un viaje sensorial del que puedan extraer un aprendizaje real para sus propias vidas.


Ellas han sido, y siguen siendo, mi mayor fuente de inspiración. Saber que al otro lado hay alguien dispuesta a habitar mis sombras y descubrir mis luces es lo que me impulsa a seguir materializando ideas. Al final, yo solo pongo las palabras, pero son mis lectoras quienes les dan vida y sentido a mis historias. Sin esa comunidad, mi universo gótico no sería más que un eco en el vacío.




Y para terminar: ¿qué se viene ahora en el universo de Celia Esgar? ¿Con qué nos vas a sorprender?


Lo que más me ilusiona es, sin duda, ver nacer ‘La Galería de las Musas Olvidadas’. Es una obra que ya vive en mi universo creativo y que mis lectoras cero han abrazado con fuerza. Si no fuera por mi decisión de ser paciente con los tiempos editoriales y los concursos para asegurar esa logística que tanto necesito, ya estaría en vuestras manos; pero de este año no pasa. Es mi gran apuesta.


Además, mi mente no descansa. Estoy trabajando en ‘Velatrum’ para los Wattys, explorando el terror náutico en ‘Sombras de Sal’ y sumergiéndome en el Folk Horror para el premio de Amazon con una historia que nace de la sangre de una ciénaga olvidada. Tengo incluso un misterio familiar paranormal en el tintero. Son muchas ideas, pero todas comparten el mismo refugio: la fantasía oscura, el gótico y el misterio sobrenatural. Cada una de estas historias refleja un aprendizaje distinto y me muero de ganas de que, muy pronto, podamos compartirlos y vivirlos juntas.


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