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Cita con… Ander Pérez

 

Hay historias que nacen del miedo, pero otras lo hacen desde un lugar mucho más profundo: la pérdida, el duelo y las heridas que no terminan de cerrarse. En El eco que nos persigue, Ander Pérez construye una novela que transita entre el drama más íntimo y el terror psicológico, explorando cómo los traumas pueden convertirse en presencias constantes que nos acompañan incluso cuando creemos haberlos dejado atrás.

Con una trayectoria consolidada en el mundo de la música como compositor y productor, el autor da un paso más en su evolución literaria con una historia que bebe tanto de lo emocional como de lo inquietante, apostando por una narrativa donde la ambigüedad juega un papel clave. En esta entrevista, nos adentramos en el origen de la novela, sus influencias y el proceso creativo detrás de una obra que promete dejar huella en el lector.  


Para empezar, ¿cómo nace El eco que nos persigue? ¿Hubo una imagen, una emoción o una experiencia concreta que detonó la historia?

Un año antes de comenzar con el borrador sufrí varias pérdidas familiares y me fijé en esa clase de persona que se acerca a ti en un funeral e intenta consolarte de un modo tóxico, metiendo el dedo en la llaga con preguntas del tipo: «¿Y cómo vas a seguir adelante ahora?». Me basé en esa idea y creé a Amale, la antagonista de Nahia, protagonista de mi novela. Una anciana que necesita alimentarse del mal ajeno.  


La novela parte de un tema tan duro como la pérdida vinculada a la violencia machista. ¿Cómo ha sido enfrentarte a ese punto de partida a nivel emocional y narrativo?

He tenido la mala suerte de vivir la violencia machista en un entorno cercano. En ese caso concreto se trataba de maltrato psicológico. En cuanto un familiar quiso separarse de su pareja, esta comenzó a intimidarla e incluso amenazarla.

Yo necesitaba un ancla al que atar a Nahia, algo que le diera un gran peso como personaje. De hecho, el título hace referencia a ese trauma surgido de la muerte de su hermana Leire a manos de su cuñado. El eco es algo que resuena en su interior y la atormenta. Ha sido duro, pero enriquecedor a todos los niveles.  


La historia combina duelo, terror psicológico y elementos casi sobrenaturales. ¿Qué te atrae de ese equilibrio entre lo real y lo inquietante?

El primer borrador de mi historia entraba de lleno en lo sobrenatural, pero al sentirme convencido de que la trama personal de Nahia y todo lo sucedido alrededor de su familia tenía mucha fuerza, desligué a Amale de mucha parafernalia, como todo lo mitológico en el ámbito del País Vasco o algunas subtramas que podrían resultar demasiado grotescas. He intentado mantener al lector o lectora en vilo, sin tener claro si lo que está ocurriendo está dentro de lo terrenal o no.  


El personaje de Amale parece alimentarse del dolor. ¿Qué representa realmente dentro de la novela?

Amale se acerca a Nahia con unas intenciones que parecen buenas, en un principio. Tiene esa forma de expresarse que parece regodearse en la pena y el drama ajeno, pero ella mantiene conversaciones donde pretende extraer todo lo negativo que hay dentro de la persona que le revela sus secretos y traumas. Gracias a este personaje, Nahia nos va revelando cuál es su «eco», esa culpa que suele reverberar en aquellos que han perdido a alguien cercano y se preguntan «¿y por qué no fui yo?» o «¿quizá pude evitarlo?».  


La ambientación —esa urbanización decadente, el bosque, la niebla— tiene mucho peso. ¿Qué importancia le das al entorno como elemento narrativo?

Lo primero que tuve claro era que Nahia se mudaría a una casa de estilo brutalista en una urbanización turística que dejó de tener visitantes en los años 80. Quería que la casa y su entorno fueran un personaje más. Hay momentos en los que Amale no aparece y que la protagonista está sola, pero las paredes del chalé donde pasan el verano o el bosque que rodea todo parecen tener vida propia e influenciar sobre quienes viven allí. Todo esto desde un punto más cercano a lo psicológico que a lo sobrenatural.  


Vienes del mundo de la música como compositor y productor. ¿En qué medida influye esa faceta en tu forma de escribir?

Cuando tuve que asignar unas profesiones a los protagonistas me di cuenta que me resulta mucho más cómodo llevarlos a la industria musical. Me dejé llevar y mi propia experiencia me facilitó el desarrollo de los personajes y sus motivaciones. Hay muchos guiños musicales, desde el cameo de mi compañero, Alex Ubago, con quien he trabajado en bastantes composiciones, o Beth y nuestro «Dime».  


¿Dirías que escribes tus historias “como si fueran canciones”?

Mmm… me inspira más lo cinematográfico. Creo que escribo con un enfoque muy visual. La música y su ritmo sí están presentes en Amale y su forma de hablar. Hago muchas referencias a la cadencia, el tono y la melodía en su voz. Algo que denomino el arrullo.  


Has trabajado con artistas conocidos dentro del panorama musical. ¿Qué te ha enseñado esa experiencia que luego aplicas a la escritura?

La experiencia profesional me ha ayudado a sentirme seguro a la hora de mostrar a los personajes dentro de la novela. Nahia fue cantante de orquesta y su novio, David, compositor para empresas de publicidad. Me basé en Amaya, mi compañera de Andermay, que dejó su trabajo para arriesgarse con mi proyecto de dúo. David representa mi parte oscura: el músico que se obsesiona con su trabajo y quizá desatiende a quienes lo rodean.  


¿Cómo es tu proceso creativo?

En la literatura se habla del método mapa o brújula. Yo soy un poco mezcla, porque planifico todo y visualizo incluso secuencias completas como si tuviera una película en mi cabeza, pero luego me dejo llevar por los propios personajes. Hay muchas decisiones tomadas en esta novela que nacieron de diálogos entre Nahia y Amale, por ejemplo. El momento, la inspiración…  


¿En qué momento decides que una idea pertenece a una novela y no a otro formato?

Soy de los que componen primero la música y suelo dejar a otro la escritura de la letra, aunque suene irónico. Últimamente escribo y compongo mucho más, pero siempre he preferido separarlo. Es cierto que algunas letras podrían inspirar para una novela.  


En la novela hay una presencia constante del pasado. ¿Crees que todos convivimos con nuestros propios “ecos”?

Sí, de ahí viene el título. Es una metáfora sobre los pensamientos intrusivos, el remordimiento, la culpabilidad o el trauma. Todos tenemos algo que, como hago referencia en el título de un capítulo de la novela, hay que «purgar».  


¿Qué tipo de lector crees que va a conectar especialmente con esta historia?

Si te gustó Hereditary, Babadook o It follows, mi novela puede gustarte. Es un terror psicológico nacido del drama, de los personajes y su desarrollo personal.  


¿Qué evolución notas en ti como autor respecto a trabajos anteriores?

Mi primer libro fue infantil y funcionó muy bien, pero siempre he querido escribir para un público adulto y amante del terror. Para mí, El eco que nos persigue me define como escritor al tener una base mucho más personal.  


Si tuvieras que definir esta novela en tres palabras…

Pérdida, duelo y superación.  


Para terminar, ¿en qué estás trabajando ahora?

Mi profesión principal sigue siendo la musical, pero no olvido trabajar en el borrador de mi nueva novela, de la que ya tengo título provisional y la trama en desarrollo.  


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