En una época en la que el amor parece empezar muchas veces con un simple deslizamiento de dedo en la pantalla, la escritora Marian Gómez-Campoy explora en su novela El amor en los tiempos del match cómo han cambiado —o no— las relaciones sentimentales.
Con una mirada irónica y profundamente humana, la autora se adentra en el universo de las aplicaciones de citas, los encuentros fallidos, el ghosting y las segundas oportunidades emocionales. Pero, más allá de la tecnología, su historia habla de algo mucho más universal: el miedo y el deseo de volver a enamorarse.
Conversamos con ella sobre el origen de la novela, las contradicciones del amor moderno y por qué el humor puede ser la mejor forma de entender nuestras propias torpezas sentimentales.
¿Cómo nació la idea de escribir El amor en los tiempos del match? ¿Hubo alguna experiencia o conversación que encendiera la chispa de la historia?
La idea nace hace ya algunos años, cuando me separo y entro en un mundo completamente nuevo para mí. De repente me encuentro en un territorio emocional que no conocía y que supone un choque frontal con lo que había vivido hasta ese momento.
Empiezo entonces a escuchar muchas historias: conversaciones entre amigos, relatos de distintas generaciones sobre citas, aplicaciones, encuentros fallidos… todo ese universo que gira alrededor de las relaciones hoy.
Me fascinaba observar cómo personas inteligentes, independientes y con vidas muy construidas se enfrentaban de repente a algo que no podían controlar: volver a enamorarse, volver a exponerse emocionalmente.
Y aunque la novela recoge muchas historias que he escuchado, también hay una parte muy directa de experiencia personal. Al final escribimos también desde lo que vivimos.
El libro aborda las relaciones en la era de las aplicaciones de citas. ¿Crees que el amor ha cambiado realmente o solo la forma en la que nos conocemos?
Creo que lo que cambia es la forma de conocernos. Las formas fluctúan, van y vienen. Hubo una época en la que las aplicaciones cubrían un espacio que quizá no nos atrevíamos a ocupar en la vida real: acercarnos, iniciar una conversación, dar el primer paso.
Ahora tengo la sensación de que estamos volviendo otra vez a querer algo más directo, más humano.
Siempre cuento la historia de la botella de agua: la percepción que tenemos de una persona cambia completamente según el lugar donde la conozcamos. No es lo mismo encontrarte con alguien en un entorno profesional, en una reunión de amigos o en una aplicación.
Las apps, al final, son escaparates de personas. Y eso inevitablemente cambia la forma en la que miramos al otro.
La protagonista vuelve al mundo de las citas tras una relación larga. ¿Qué querías explorar emocionalmente con ese punto de partida?
El amor en los tiempos del match refleja la evolución personal de muchas mujeres que, a partir de los cuarenta, se encuentran de repente en una situación completamente nueva.
De pronto vuelves a empezar. Y empiezas en un mundo que funciona con códigos distintos a los que conocías.
Quería explorar esa transición, pero también desdramatizarla. Ligar a través de una aplicación a veces parece algo extraño o incluso incómodo, pero también es simplemente un canal más para conocer personas.
Lo que me interesaba era contar ese proceso con humor y con humanidad. Porque cuando alguien entra en ese mundo también empieza a descubrir muchas cosas sobre sí mismo. Y ese viaje interior es muy interesante.
El humor tiene un papel importante en la novela. ¿Fue una decisión consciente utilizar la ironía para tratar temas sentimentales?
Sí, totalmente.
La ironía es una parte fundamental de la novela porque creo que reírnos de nosotros mismos es muy sano. Nos libera, nos hace ser menos duros con nosotros mismos y nos permite mirar las situaciones con más perspectiva.
Las relaciones humanas tienen momentos intensos, incluso dolorosos, pero también están llenas de situaciones absurdas, incómodas o surrealistas.
El humor ayuda a desdramatizar todo eso y a recordarnos que, al final, todos estamos aprendiendo.
Muchas personas se reconocerán en situaciones como el “ghosting” o las citas incómodas. ¿Hasta qué punto hay experiencias reales detrás de estas escenas?
Hay muchas experiencias reales. Diría que incluso más reales que inventadas.
Durante mucho tiempo he escuchado historias, he hablado con muchísimas mujeres y también con muchos hombres que me han contado lo que les ha pasado en este mundo de las aplicaciones.
La novela no es una fantasía. Todo lo que aparece en ella ocurre en la vida real.
Quizá lo que cambia es la mirada desde la que se cuenta.
Las apps de citas han cambiado la manera de relacionarnos. ¿Crees que han facilitado encontrar el amor o lo han vuelto más complicado?
Depende mucho de cada persona y de cada momento de su vida.
Hay personas que encuentran el amor muy rápido. Y hay otras que pueden pasar años en aplicaciones sin encontrar a alguien con quien realmente conecten.
También ocurre algo curioso: en las apps tendemos a segmentar mucho. Filtramos por edad, intereses, estilo de vida… y a veces eso hace que nos perdamos oportunidades.
Una foto rara vez transmite la energía real de una persona. Y esa energía solo aparece cuando te encuentras con alguien cara a cara.
En la novela se percibe también una mirada crítica hacia la cultura de la inmediatez. ¿Crees que vivimos relaciones más superficiales que antes?
Creo que la abundancia de opciones cambia la forma en la que nos relacionamos.
Cuando hay tantas posibilidades disponibles, parece que no pasa nada por perder una. Siempre habrá otra. Y eso hace que a veces no cuidemos tanto el proceso de conocer a alguien.
Pero también tengo la sensación de que estamos empezando a cansarnos de esa dinámica. La vida suele ser cíclica y creo que estamos volviendo a valorar más las cosas hechas con calma.
Conocer a una persona de verdad requiere tiempo. Y creo que cada vez somos más conscientes de eso.
La protagonista vive un proceso de redescubrimiento personal. ¿Consideras que la novela es tanto una historia de amor como una historia de crecimiento personal?
Totalmente.
De hecho, la novela es mucho menos banal de lo que puede parecer al principio. En realidad es una historia de crecimiento personal desde el primer momento.
No solo evoluciona la Señorita Match, que representa a muchas mujeres. También evoluciona Martín, que aporta una mirada masculina más madura y reflexiva sobre las relaciones.
La historia habla de citas, sí, pero sobre todo habla de cómo nos transformamos cuando volvemos a abrirnos al amor.
Si tuvieras que describir la novela en tres palabras, ¿cuáles elegirías y por qué?
Diría amor propio, ironía y verdad.
Amor propio porque antes de encontrar a alguien también tenemos que encontrarnos a nosotros mismos.
Ironía porque es la mirada desde la que está escrita la historia.
Y verdad porque todo lo que ocurre en la novela refleja situaciones muy reales que están viviendo hoy muchísimas personas.
¿Qué tipo de lectores crees que se sentirán más identificados con esta historia?
Creo que hombres y mujeres por igual.
Las mujeres probablemente se reconocerán mucho en muchas situaciones que aparecen en la novela. Pero también creo que los hombres se verán reflejados en la mirada de Martín, que aporta una visión más pausada y madura de las relaciones.
Y hay un elemento muy importante de sororidad a través del grupo de amigas, algo muy “Sex and the City”. Las amigas aparecen como ese refugio emocional que muchas veces entiende mejor lo que estás viviendo porque está atravesando experiencias parecidas.
Como autora, ¿qué ha sido lo más difícil y lo más gratificante del proceso de escribir este libro?
Lo más difícil fue encontrar el equilibrio entre la mirada crítica y la emoción.
No quería caer en clichés ni tampoco en una visión triste o negativa de las relaciones. Quería contar una historia real, pero desde la positividad, desde el humanismo y desde el cariño que también tenemos que aprender a tenernos a nosotros mismos.
Lo más gratificante está siendo leer los comentarios de quienes han conectado con la historia. Muchas personas me dicen: “me he reído muchísimo y lo necesitaba”.
Y para mí esas risas —sobre todo las risas de muchas mujeres que se reconocen en la historia— son probablemente lo más bonito de todo.
Para terminar, una pregunta inevitable: si el amor hoy depende muchas veces de un “match”, ¿cuál crees que sigue siendo el verdadero secreto para que una relación funcione?
Para mí el secreto sigue siendo la conexión.
El match puede ser el comienzo, pero no es lo importante.
Una amiga siempre me dice algo que me encanta: antes, para encontrar a la persona adecuada, había que besar muchas ranas. Y en cierto modo sigue siendo así.
Conoces a muchas personas que no encajan contigo —no porque sean mejores o peores— hasta que aparece alguien con quien realmente hay una conexión.
Lo que sí quería transmitir con esta novela es que no hay que resignarse. Muchas personas se conforman con relaciones que saben que no son para ellas.
Y yo no creo en eso.
Creo que lo que está para ti llega. Puede tardar, puede que no coincida en el momento perfecto, pero cuando aparece una conexión real se siente. Y merece la pena esperar a eso.

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