Tras la buena acogida de El reflejo de lo que soy, Ángel Rovira Sánchez ha continuado la historia con El reflejo de lo que fuimos, una segunda parte que profundiza en la evolución emocional de sus personajes y en las consecuencias reales de sus decisiones. La novela amplía el universo narrativo con una mirada más madura sobre el amor, la identidad, la salud mental y los vínculos que nos definen.
En esta conversación, el autor nos habla del impacto que tuvo la primera entrega, del crecimiento de Abril, Oliver, Eneas y Lucas, y de los temas que atraviesan ambas novelas. Además, reflexiona sobre el peso del pasado, la necesidad de vivir con autenticidad y la posibilidad de cerrar el ciclo con una tercera y última parte.
El reflejo de lo que soy conectó con muchos lectores por su mirada honesta sobre la identidad y el amor. ¿En qué momento sentiste que la historia necesitaba una continuación?
En un principio no tenía pensado continuación alguna, pero tras el gran impacto que causaron los personajes, especialmente Eneas, tuve claro que la historia tenía que continuar, ya que aún había muchisímo que podía contar sobre su historia y la del resto de protagonistas.
¿Qué querías explorar en El reflejo de lo que fuimos que no pudiste desarrollar completamente en la primera novela?
En esta segunda parte pretendo mostrar que hay veces en las que “las decisiones correctas” no van de la mano con lo que esperamos de la vida, y que lo único que importa es la valentía de seguir lo que te dicta el corazón, aunque tengamos que asumir la responsabilidad de generar un daño colateral.
La segunda parte muestra una evolución más madura de los personajes. ¿Cómo ha cambiado tu mirada como autor entre ambos libros?
Me resultaba muy interesante dar un salto temporal en la historia y mostrar esa evolución y madurez de los personajes para que el lector pudiera entender mejor a cada uno de ellos.
Debo reconocer que he disfrutado mucho adentrarme tanto en las entrañas de los personajes hasta el punto de poder sentir sus alegrías y sus penas.
Como autor, cada decisión que los personajes tomaban, era una decisión que me nacía del corazón en ese momento, ya que como siempre digo lo que pretendo es mostrar historias imperfectas y reales, intentando no idealizar demasiado, sin perder ese toque de ficción que engancha.
Abril y Oliver pasan de enfrentarse a conflictos emocionales a afrontar retos como la paternidad y las heridas del pasado. ¿Qué simboliza este nuevo momento vital en su historia?
La situación de Abril y Oliver en esta segunda novela simboliza fortaleza, compromiso y valentía, ya que ambos tienen que enfrentarse a sus propios fantasmas, y tomar sus propias decisiones sin dejar de priorizar la gran responsabilidad que conlleva su proyecto de familia.
En la continuación se percibe que alcanzar la estabilidad no siempre implica encontrar la paz interior. ¿Crees que esa contradicción define a nuestra generación?
Precisamente creo que es uno de los puntos más realistas de la obra, ya que hoy en día la estabilidad económica se puede conseguir con trabajo, constancia, perseverancia y quizás, a veces, incluso con un poco de suerte, pero la paz interior sólo se puede lograr cuando el corazón y la mente se sincronizan en una misma dirección.
Eneas y Lucas también siguen su propio camino y vuelven a cruzarse. ¿Qué te interesaba contar a través de su evolución y reencuentro?
La relación de Lucas y Eneas es hermandad.
Mediante ellos pretendo mostrar las amistades sanas y verdaderas que parece que cada vez escasean más hoy en día, la lucha del colectivo LGTBIQ+, reivindicando su derecho a ser libres y felices, la superación y la fortaleza de seguir adelante pese al daño sufrido.
Ambas novelas abordan temas como diversidad afectiva, salud mental o inseguridades personales. ¿Por qué era importante para ti tratarlos con naturalidad y sin filtros?
Creo que son temas que todavía son tabú y que necesitan ser leídos por todo tipo de público. Abrir la mente nunca está demás, ya que a través de historias diversas podemos llegar a comprender mejor el mundo en el que vivimos, ayudándonos así a una convivencia mucho más sana y respetuosa.
En esta segunda parte aparecen cuestiones delicadas como depresión, traumas o abuso de poder. ¿Cómo equilibras la dureza de estos temas con un mensaje de esperanza?
Pienso que es bonito pensar que se puede salir del hoyo, aunque hay veces que no seamos capaces de verlo. Creo que es necesario que haya historias que nos recuerden que estamos en este mundo para vivir libres, con felicidad y dignidad, y pese a que siempre habrá problemas, mientras estemos vivos tenemos la oportunidad de buscar ayuda y luchar por solucionarlos y dejarlos atrás en la medida de lo posible.
Muchos lectores destacan la autenticidad emocional de tus personajes. ¿Te inspiras en experiencias reales o en observaciones del entorno?
La gran mayoría son inspiraciones en experiencias reales, tanto mías personales, como las de mi entorno, aunque siempre trato de intensificar esas historias para que resulten más atractivas y generen interés en los lectores.
La historia sugiere que el pasado siempre regresa de alguna forma. ¿Crees que sanar significa olvidar o aprender a convivir con las cicatrices?
Creo que se puede sanar y vivir con cicatrices, pero no creo que el pasado se pueda borrar.
Bajo mi punto de vista, Oliver es el ejemplo perfecto de intentar hacer como si el pasado no existiera, hasta que le estalla en las narices de nuevo… Al contrario que Abril, que siempre lo ha tenido muy presente pese a que eso le genere problemas graves en su matrimonio.
Los dos libros han salido en un lapso relativamente corto de tiempo. ¿Tenías planificada esta continuidad desde el principio o surgió tras la acogida del primero?
Como ya te comenté antes, la idea de la continuidad surgió a través de ver como mis personajes habían calado en los lectores, que me manifestaban el hecho de haberse quedado con ganas de saber más sobre Eneas, Abril, Oliver y Lucas.
Tu narrativa combina romance, drama emocional y reflexión social. ¿Cómo defines tu estilo dentro del panorama actual de la literatura romántica contemporánea?
Yo la definiría como una lectura ligera, pero intensa y sentimental.
Si tuviera que decantarme por un estilo concreto creo que sería novela romántica.
¿Qué has aprendido como escritor al profundizar en los mismos personajes desde dos momentos vitales tan distintos?
Ha sido un gran aprendizaje explorar las varias posibilidades que uno tiene como autor para crear algo coherente con la primera parte, que haga que el lector siga conectando como la primera vez y que todo siga un sentido lógico pese al punto de ficción que te comentaba anteriormente.
A veces ser creativo y original no basta, la historia tiene que conectar con el público, y ese ha sido el mayor regalo que me ha dado esta historia.
¿Qué te gustaría que los lectores comprendieran sobre sí mismos después de cerrar El reflejo de lo que fuimos?
Me gustaría que cerraran por un momento los ojos, respiraran profundo y pensaran: ¿Soy feliz con lo que tengo? ¿Tengo posibilidades de cambiar algo con lo que no me siento feliz?
Si la respuesta es sí, los animo a que luchen por sus metas personales y profesionales con toda la pasión que puedan. Si uno no es valiente y no se arriesga, lo más probable es que viva siempre con la duda de “qué hubiera pasado si…”
Tras cerrar este ciclo, ¿sientes que la historia está completa o que aún quedan reflejos por descubrir en el futuro?
A este pastel le falta la guinda, y esa guinda llegará en forma de una tercera y última parte que prometo que será un digno final para esta historia que a tantos ha cautivado.
Muchísimas gracias por esta maravillosa entrevista.
Que siempre veamos el reflejo de lo que realmente somos y no de lo que deberíamos ser.
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